Yo tengo un mosaico que dice así

  • Ruta norte
  • Jaime Muñoz Vargas

Laguna /
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Llevo como cinco mundiales dedicando más tiempo del pertinente a escribir sobre futbol. 

Es como una alineación de astros: si hay sobredosis de partidos, qué más da que haya, para mí, sobredosis de palabras sobre ese tema al menos por un rato. 

En el caso del Mundial que ahora casi pega su último suspiro, decidí escribir breves semblanzas sobre goleadores. 

No son todos los que están ni etcétera, pero sí los que más admiro y he visto aunque sea en repeticiones de archivo. 

Las he publicado sólo en mis redes, y además el blog Intelisport, administrado por mi amigo Enrique Macías, decidió abrir una cancha especial para que estén disponibles con acceso libre y todas juntas. 

Como serán 39 días de Mundial, quise cerrar el número de estampas en 40, una diaria, así que al día de hoy van 35. 

Si gustan buscarlas, escriban en Google “intelisport.com.mx”, y allí aparecen en mosaico numeradas de la primera a la más reciente. Hoy aquí comparto una, la que trata sobre Georg Best, sólo para mostrar la extensión y el tono que he dado al conjunto:

“A George Best (Belfast, Irlanda del Norte, 1946-Londres, 2005) se le recuerda con frecuencia por dos frases que gustan en función de su cinismo tabernario: ‘Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. 

El resto simplemente lo malgasté’, y ‘En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida’. 

Por la malicia, pese a su machismo, parecen de Wilde, pero más allá de las boutades, Best fue, según he podido leer y luego ver en YouTube, un jugador anómalo en su contexto. 

Husmear las repeticiones de sus gambetas y sus goles contradice la idea, por otro lado harto justificada, que tenemos del futbol practicado en el país que reglamentó este juego: físico, veloz, directo, duro y sin muchos arabescos. 

Best, entonces, avanzaba en contra de la inercia, pues driblaba, inventaba jugadas y resolvía frente a los palos con quiebres y disparos que delataban más creatividad que reciedumbre. 

La época y el lugar de su gloria fueron propicios para que pareciera un quinto beatle, y la suerte de ser ‘carita’, como decimos en México, le permitió asemejarse en algo a Paul McCartney incluso en aquello de las patillazas. 

Anotó más de 250 goles”

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