El regreso de migrantes poblanos es una realidad y, aunque la cifra es menor en comparación con otros años, la realidad es que su adaptación y su reincorporación representa un reto para todos los sectores de la sociedad.
Manuel Romero Cagical, como Coordinador Diocesano para la Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Puebla, mantiene cercanía con los migrantes poblanos que regresan luego de procesos de deportación.
El año 2026 es uno de los más complicados en materia de retorno de migrantes porque, de enero a septiembre de este año, se tiene un registro de siete mil poblanos deportados, los cuales, representan casi uno de cada 15 de todos los mexicanos que regresaron al país.
La arquidiócesis de Puebla a cargo de Víctor Sánchez Espinoza, quien entregará la estafeta a Jorge Carlos Patrón Wong, nuevo obispo de la Angelópolis, mantiene acciones para apoyar a los migrantes que están regresando con sus familias.
La situación no es sencilla porque en medio del retorno de migrantes prevenientes de Estados Unidos, muchos de ellos, llegan con diferentes enfermedades, entre ellas, las crónico-degenerativas y, algunos más, regresan sin recursos y sin un lugar para vivir.
Para los siete mil poblanos, el sueño americano está terminando en un mal sueño y, en algunos casos, hasta en pesadillas porque el regresar, se están dando cuenta que la realidad de la entidad y de sus familias no es la misma.
Parte de los migrantes que fueron deportados en este año, se dieron cuenta que los recursos que mandaron para sus familias, se ocuparon de manera distinta a lo que tenían en mente. Algunos otros, se dieron cuenta de que los dólares que iban a ser para construir su casa, en realidad, se encuentran lejos de las ciudades y las obras se desarrollaron con materiales de baja calidad o sin la guía de arquitectos.
El tiempo pasa y cobra las facturas a los migrantes. Muchos de ellos, se fueron en las últimas décadas del siglo pasado y la realidad en este 2026 es diferente. Hoy, al regresar tras procesos de deportación, ya no tienen ni sueños de una mejor realidad; sin embargo, a pesar del panorama oscuro, como dice el refrán popular de origen bíblico: “Mientras haya vida, hay esperanza”.