Daba gusto ver a toda la ultraderecha mediática y al prianismo en pleno, celebrando los 250 años de la independencia yanqui, ejerciendo su derecho a ser totalmente dependientes de los dictámenes del tío Trump.
Supongo que luego de esta pachanga patrocinada por el tío Pinchi que anda de quedabién, estos grandes luchadores por la libertad de expresión no cuestionaron al presichente gringo por insultar y mandar a la goma a una periodista que lo estaba cuestionando porque entre otras muchas cosas, el pelos de elote había prometido que no habría más guerras y cada 8 días abre un nuevo frente.
Se puso bien loco locote y salió echando pestes.
Un güero casi tan violento como el alcalde de Metepec que se metió a la fuerza a un club valientemente acompañado por un grupo de guaruras con armas de uso exclusivo del Ejército, para golpear salvajemente a una persona. El tipillo panista (como el señor Tabe con el cuchillote por delante), sacó luego un video bien guango donde se quiso hacer pasar como héroe. Y al igual que Tumel Chorres cuando lo funaron por hacer chistes a lo Platanito con la imagen de una persona con síndrome de Down, ofreció unas disculpas megaguangas y derechuecas.
Algo que solo se puede comparar con la manera tan encantadora en que los del Revolucionario Ins fueron embriagados por un arrebato nostálgico y en las elecciones de Coahuila reactivó la alquimia electoral: embarazo de urnas, operación tamal y la clásica compra de votos en su versión digital para que no digan que los dinosaurios no se pueden modernizar. Hay gente que experimenta fuertes melancolías por la dictadura perfecta como Kike Krauke, otros sienten un apego casi anormal por la Loca Academia de Miramones como Kinky Téllez, muchos otros padecen una necesidad casi inhumana por las noticias falsas y los montajes chafas como los Alazrakos y Loret de Mula, pero los priístas tienen un vínculo muy profundo con sus prácticas prehistóricas para robarse elecciones.
Casi te dan ganas de llorar cuando ves todos los videos donde esos buenos representates del partido tricolor reparten billete, acarrean gente, le toman los datos a sus beneficiados con una aplicación y luego se hacen las vístimas cuando los agarran con las urnas en la masa.
Como música de fondo se escucha la última de Bad Bunny: “Quieren quitarme el río, y también la playa, quieren el gato mío, y que los pobres se vayan. Hay que alzar la bandera en una cantina, que no quiero que a Colombia le pase lo de Argentina”.