Defender el peso como perros

Ciudad de México /

Cuando a las 11 de la mañana comenzó a sonar la alerta sísmica y, por razones que no voy a revelar (porque no vienen al caso en esta columna que tiene algo de cruz y del Pantera), prácticamente me despertó, realmente no me entró esa angustia natural que los que vivimos la experiencia telúrica del 85 no sabemos todavía gestionar del todo, pues me quedaba muy claro que se trataba del clásico macrosimulacro que anualmente nos deja con una sensación de coitus interruptus. Eso sí, me sirvió para desamodorrarme, pero ya cuando vi las noticias en efecto vi que la cosa nacional, aunque no estuviera registrada en grados Richter, se había puesto ¡TELÚRICA!

Sobre todo cuando vi la cotización del dólar que, en franca rebeldía y valiéndole madres los grandes logros de las reformas estructurales, la llegada de The Lucky Meade a la Secretaría de Hacienda y el bonito gesto de The Guardian de echar para atrás su teoría de que había conflictos de interés entre el señor Pierdant y Los Pinos (la casa blanca es ejemplo de ello; ahora como no le quiere Pierdant este exige una indemnización al medio inglés que seguramente simplemente le pagará el predial de su depa en Miami), la ambiciosa moneda yanqui pasó la llamada barrera psicológica de los 20 varos. O sea, yo todavía tengo evocaciones nostálgicas del dólar a 12.50. ¡Cómo hemos cambiado! Seguramente es culpa de quienes por andar en la vagancia de las protestas y en la frivolidad del sospechosismo, no le prestan atención a lo que vienen siendo las cosas buenas que casi no cuentan pero cuentan mucho. Además de esos avatares exógenos de los que ya nos habían advertido Videgaray y Carstens, con todo su séquito de economistas y opinólogos que hace mucho se unieron a los optimistas. Sin olvidar, por supuesto, el efecto Donald Trump, que nos sigue tratando como escoria en sus discursos (casi casi le echa la culpa a México del ataque a Pearl Harbor). Por eso da gusto que ciudades verdaderamente patrióticas como San Miguel de Allende lo hayan declarado persona non grata, y que Ricky Martin, ese gran luchador social, haya prometido impedir que el magnate llegara a la presidencia. (Ahí sí me parece que habría que mandarle al muchacho, que según Hillary es el mayor beneficiario de los atentados de los ataques del Estado Islámico, a #LadyCelos o, mejor aún, a Javidú Duarte que mira qué bonito tiene a Veracruz, donde ayer un comando secuestró y mató a unos curas en Poza Rica, para que le baje de yemas.)

Por supuesto que el gobierno mexicano en todas sus versiones ha luchado por defender al peso como un perro, alegando que un súper peso no es bueno para la salud de nuestra economía tan boyante.

Mientras el Canelo siga ganando en Gringolandia y en Las Vegas declaren a JuanGa “Rey perpetuo de las fiestas patrias”, no importa que el peso sea un simple error metodológico.

jairo.calixto@milenio.com

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  • Jairo Calixto Albarrán
  • jairo.calixto@milenio.com
  • Periodista producto de un extraño experimento cultural-social-educativo marxista, rockero, populachero, libresco y televisionudo / Escribe de lunes a viernes su columna "Política cero"
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