Desde siempre el Paso de Cortés me pareció un contrasentido, tanto como la vía López Porpillo o la avenida Hank González en Ecatepec, que es como si a la calle frente a la Casa Blanca la llamaran Fidel Castro.
Gran provocación de la Presidenta porque los mismos que estaban muy histeriquitos por la censura (esos que nunca cuestionaron a Caldedrunk cuando persiguió a través del #SacoDePus a Carmen Aristegui, o cuando la corrió el tío Pinchi, historias que ya se le olvidaron a Carmen cuando pasó a convertirse en Derechairistegui) ahora quieren defender el nombre de Paso de Cortés o por lo menos convertirlo en “Paso de Facho Cano” que romantizó el latrocinio cuando en su musical Malinche, Marina y Hernán terminaron como Ángela Aguilar y Christian Nodal.
Me dicen que los sobrinos del Sauron del Ajusco buscarían ponerle al paraje morelense “El Paso del perrito, el paso del perrito, el paso del perrito, todos quieren bailar”.
Por los servicios prestados a los complós de Charly Salinas los panistas de Jojojorge Robero de Terrenos, querrán que ese paso se llame Fernández de Cipayo. Mejor que lo nombren “El pasón de Vicente Vox”, que sigue alegando que los pobres son pobres porque son huevones. “¡Tú no vendes piñas!”, le gritan.
Me dicen que Hétor De Facholeón y los defensores de Angelito Aguirre Rivero (curioso que apoyen a un heredero de las glorias fachas de los Figueroa en Guerrero, y no a los niños palestinos desvividos por los satanyahus, que tanto menosprecian Krauze y Ezra Chabot) querrán que el paso lleve su nombre, con un monumento que incluya todos los videos sobre los 43 de Ayotzinapa que se apañó para apoyar la veldá históriqueee de Batiburillo Karam y de Tomás Zerón Sembrón.
Bueno, en su delirio, los prianistas que cada ocho días van a Washington a pedir una invasión anticomunista por el amor de dios, lucharán porque aquella zona de Morelos se llame: “El paso del ICE ICE ICE Baby”.
Toda mi solidaridad para con los derechairos que sufren la censura, sobre todo los que inventaron al Chupacabras, aseguraron que el Covid era benigno, y que nunca criticaron aquello de que “a los periodistas no hay que matarlos a balazos sino de hambre”.
Que se me hace que la Opo buscará que aquello geografía se llame “Abefacho Espriella” en homenaje al presichente colombiano que ante la tragedia telúrica se puso más frívolo y superficial que nunca, haciendo ver al gris e inoperante Miguel de la Madrid de 86 casi casi como líder de los topos rescatistas.