Con todo este escándalo del examen de la UNAM, me acordé de cuando fui aspirante en el Estadio Azteca hecho un manojo de nervios que se fueron intensificando mientras esperaba el resultado. Puedo imaginar lo que están pasando aquellos que no hicieron trampas y ahora están bien atorados en un limbo académico.
Si fracasabas te condenadas al oprobio y si lo lograbas todo estaba hecho. Una premisa más falsa que la sonrisa del tío Pinchi.
La UNAM ha venido derrapando con muy poca gracia de la mano de una seguidilla de reptores para el olvido, que no han hecho sino encajar la cabeza bajo la tierra para no hacerse cargo de sus responsabilidades: acoso escolar, suicidios, insels, protestas estudiantiles y una larga lista de problemáticas a las que le han sacado la vuelta. La tormenta desatada por el examen en línea hackeado es solo la cereza en el pastel de la ineptitud.
Le dieron 41 millones a la empresa Territorium Life para que hacer un examen en línea que valió gorro las quesadillas. Una empresa emanada del Tec de Monterrey como si no hubiera en la UNAM equipos de ingeniería, computación, ni los conocimientos científicos necesarios para cumplir con esa tarea. O sea, quién diseñó todo esto, ¿el huachicolero panista de Ruffo Appel?
Y el rector Leonardo Lomelí se aparece varios días después (cualquiera diría que estaba escondido con Natita Torres después de que se supo que sí era panista) para salir con el lugar común de que se están siguiendo todas las vías de investigación. La verdad, ya era para que tuviera todos los pelos de la burra en la mano para calmar los sospechosismos.
Es que internet estaba lleno de videos bajo el lema de “Pasar el examen de la UNAM bien vale hacer trampa”, con un nerd de manual explicando que el proceso de selección tenía más agujeros que el algoritmo de Ferriz y que con una IA bien programada te la peleichon… y nadie hizo nada.
Bueno, si le pagan a mi Tatankita Lorenzo Córdova y a Ciro Murayasamí más de 80 mil varos al mes mientras muchísimos maestros ganan 2,500, no se podía esperar demasiado.
Así, no se sabe qué fue más bochornoso, que la Rabadán saliera a respaldar al rector, o que la ultraderecha mediática le echara la culpa a López Obrador. No se rían.
Los que no se rieron y salieron a protestar fueron los estudiantes que detectaron todas las anomalías que eran más obvias que los mapaches priistas en las elecciones de Salinas de Gortari y Caldedrunk.
Al rector le cayó el karma de los rechazados.