Pues a pesar de los denodados, manchados y fachos esfuerzos de la Gestapo región 4 que es el ICE comandado por un bovino, Trumpitas no logró ni con trampitas lograr la meta de deportaciones que había prometido. Tanta persecución, tortura, crimen y espíritu pinochetista no sirvió de nada, maldita sea. Por más que se recurrió a represiones, paranoias autoritarias y operativos dignos de Mobutu Sese Seko, el trumpismo-videlismo no llegó a la tierra prometida.
Ahora, para no quedarle mal a Satanyahu y a toda la bola de plutócratas machuchones para los que trabaja día y noche, Trun va a tener que deportarse a sí mismo. Y a todo su gabinete, de J. D. Vader (el héroe de Alitititito Moreno) a la Leavitt (esa gran defensora de la libertad de expresión, tan admirada por los alazrakos) a la señora Kristi Rambo Noem, que es el ejemplo de humanismo que quieren y aman los prianistas en éxtasis.
Así, yo digo que Jabba The Trump se deporte a Groenlandia donde tanto se le aprecia, sobre todo porque decidió ir por Groenlandia no por un tema de geopolítica estratégica (eso de los barcos rusos y chinos que están escondidos entre los glaciares es una mamarrachada del nivel del Cártel de los Soles), sino porque los noruegos no le dieron el Premio Nobel de la Paz.
¡Pazuzu y pasumecha! Hay que darle un premio Pagés en friega y nombrarlo ganador de torneo de los barrios y los albures para que apacigüe ese narcicismo nivel mil tíos Pinchi.
Lo único que parece medio lógico es que Trump quisiera cambiarle el nombre al Golfo de México por el de Golfo de Trump.
De por sí en las Europas como que tampoco se le aprecia mucho al Trúmpatelas, no solo porque ya vieron que cuando el perro es bravo hasta a los de la OTAN muerde, sino porque balconeó a varios líderes que le estuvieron boleando los zapatos como Macron. Emmanuel, que no vende piñas, se ardió tanto que no solo salió a apoyar a Dinamarca, sino que le pidió a los chinos que vinieran a invertir en la vieja Europa. Y de paso el primer ministro de Canadá apoyó también a los daneses y se fue a refugiar con Xi Jinping.
Bueno, en Estados Unidos Donaldo es más impopular que una enfermedad secreta.
Trump cantará la de “nadie me quiere, todos me odian, mejor me como un gusanito”.
Del propósito trompiano de tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar, mejor ni hablamos. En México solo lo quieren los krauzistas, los ayuwokis, la degeneración Zzz, la Loka Academia de Miramones y los del PRIAN.
El sueño de la sinrazón produce fachos.