El icuiricui, el matalachimba y el ruletero

Ciudad de México /

Ya no se sabe qué es más enfadoso y aburrido, la exigencia de que Lalo Medina Mora se presente ante el Senado para explicar con lujo de detalle las razones de su renuncia (sí, claro, va a decir que contra lo que dicen los panistas y los de la Coparmex no es una hermanita de la caridad sino un pequeño —es literal— traficante de amparos), la telenovela de José José, que en el limbo donde esté debe estar hasta su jefecita de tanto jaloneo, o la marcha de los taxistas en donde curiosamente no apareció ningún anorko para patearles sus unidades.

Lo del Príncipe de la Chanson supera cualquier culebrón a la mexicana (ni a Gutierritos le pasaron tantas infamias), lo de Medina Mora es una traición (sobre todo de los beneficiarios de sus tejemanejes —curiosamente son los mismos que los de Chayito Robles—, salvo los efebos de Claudio X González que hasta sacaron los violines de Villafontana para llorar por su salida, que hubiera sido más honorable si hubiera sido como la del Piojo), pero lo de los taxis sí tiene su gracia porque en vez de traer soluciones creativas lo único que se les ocurrió para salirse con la suya fue convertirse en los triglicéridos del torrente sanguíneo de las ciudades, para ganarse el aprecio de la ciudadanía que por supuesto que se volcó en su apoyo solidario.

Creo que ya lo he dicho aquí, que dadas las condiciones de higiene y servicio y la paranoia que genera, antes que tomar un taxi en la calle prefiero caminar 20 cuadras. Digo, antes era una experiencia cotorra con aquellos ruleteros que eran el folclor encarnado, el viaje mágico y misterioso, el alucine ranchero pero posmoderno, y las lecciones de vida de estos psiquiatras sin diván. Hoy, casi dan tanto miedo como Sarita.

Pero los de las aplicaciones también tienen lo suyito. Su colección de horrores y feminicidios, donde el usuario queda desamparado ante unas empresas como Uber que después de cobrar no se hacen responsables de nada: ni de si te pasa alguna perrada, ni de extender una factura, ni de tu seguridad ni de nada de nada.

Lo único bueno es que Héctor Serrano, dedo gordo del pie derecho del dotor Mancera, ya se deslindó de estar detrás todo este relajito de los taxistas (¡cómo voy a creer!) y del infundio de que tiene más concesiones que Ochoa Reza, ex líder del PRI que imitaba a Clavillazo. ¡Qué tranquilidad!

Todos exigen piso parejo, pero ni un taxímetro para el usuario.

jairo.calixto@milenio.com
@jairocalixto

  • Jairo Calixto Albarrán
  • jairo.calixto@milenio.com
  • Periodista producto de un extraño experimento cultural-social-educativo marxista, rockero, populachero, libresco y televisionudo / Escribe de lunes a viernes su columna "Política cero"
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