Hablando de monreales y traiciones

Ciudad de México /

Como Donald Trump casi ni es dictatorial y es de esos humanistas como Satanyahu que suele bombardear escuelas, le ordenó al personal masculino de su gabinete que se calzaran cierto tipo de zapatos que él mismo les proporcionó y que parecen imitación chafa de El Borceguí. Obedientes nivel Milei, estos libertarios que luchan contra la imposición de los regímenes comunistas o islamistas, se pusieron esos zapatos sin chistar. Incluso Marco Turbio, a pesar de que los susodichos cacles que le tocaron en suerte son como ocho números más grandes. Hay fotos donde se puede apreciar que las patitas de molcajete de Marquito nadan en esos zapatones donde podría poner un departamento de interés social sin bronca.

Al malvado de Donald le encanta poner a prueba a sus empleados y llevarlos al ridículo con tal de demostrar su entrega total a su dios anaranjado cheto. Y nadie se arriesga a ser echado del paraíso trumpiano, aunque se esté desmoronando.

Solo por dar un dato, todos los días el Partido Republicano del cheto tamaño caguama pierde veinte mil votantes. Bueno, algo que pronto será igualado y hasta superado por el Partido del Trabajo y el Verde después de haber votado en contra de la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum. Y peor aún porque ahí estaban celebrando con el MCPRIAN, mientras Monreal se echaba un discurso inane y melifluo donde hasta felicitaba a Jojojojorge Robero de Terrenos de Acción Nacional, para luego pasar a echar cotorreo con el Moreira malísimo al ritmo de “Yo todavía cenecista”. Mejor hubiera dicho que era americanista.

Supongo que en el morealismo fársico había más preocupación por la agenda de los 14 monreales, que por sacar esta Reforma que tampoco es que fuera tan perrona. Lo único que tenían que hacer el peté y los verdes era salir a ganarse el voto, renunciar a sus PRIvilegios y defender un aparato electoral austero, democrático y republicano. 

No estaría mal aprovechar el momento para mandar a don Ricky a la Casa de los famosos. Y de paso que se lleve a Olga Sánchez Cordero que nomás no votó, a pesar de estar en el recinto. A ver si no alega como Xóchitl Gálvez que se quedó atrapada en el elevador.

Bueno, Sandra Baticuevas (la original, no acepte imitaciones de la Rojo de la Vega) se ha cansado de advertirnos que Monry es más traicionero que Camelia la Tejana.

Y luego ahí se viene Sergio Mayer que ahora se siente el Benito Juárez de los reality shows. En el edificio de Morena deben quitar el letrero de “Se recibe cascajo”. 


  • Jairo Calixto Albarrán
  • jairo.calixto@milenio.com
  • Periodista producto de un extraño experimento cultural-social-educativo marxista, rockero, populachero, libresco y televisionudo / Escribe de lunes a viernes su columna "Política cero"
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