Los tiempos han cambiado y las maneras de desestabilizar países se han vuelto menos práctica. Antes, con unas hojas peor de arrugadas y garabateadas con las que se acusa Rocha Moya, se podían invadir países, bombardear escuelas con niñas y acabar con civilizaciones. Ahora se requieren de más elementos, dudosos y cuestionables. Y no me refiero solamente a la participación obligatoria de Maru Krampus como la empleada del mes de la CIA, sino de la aparición de la Kinky Téllez ibérica, Chabelita Ayuso, representante del franquismo más premoderno y casposo. Gracias a los apoyos del tío Pinchi —otro conocido antediluviano— hará una gira por tierras mexicanas de 10 días como si fuera Alazka y dinarama que es tan satanyuhista como ella. O sea, ¿qué la Ayuso no tiene que desgobernar Madrid, acaso no debe de ocultar las malversaciones de su novio y de sus cuates, y luchar contra el comunismo de Pedro Sánchez? Y parece que va a andar del tingo al tango distribuyendo alegremente sus lindos discursos de odio facho. Y, cómo no, también le va a rendir homenaje a un humanista e incansable luchador por las causas de la democracia, un progre buena ondita de rancio abolengo y el humanista más alfa después de Donald Trump: Hernán Cortez.
Para Ayuso, a Hernán le falta un grado para ser San Martín de Porres y Maricori Machado al mismo tiempo.
Qué curioso que en medio de todo lo que estamos viendo en la patria, de pronto se aparezca este lindo personaje cuya idea de bondad y empatía es Donald Trump.
Ayuso no mira hacia la Zarzuela, sino hacia Mar-A-Lago.
No crean que viene a provocar ni a contribuir al caos ni al desorden, ni para participar en la agenda desestabilizadora de Ronald McDonald, claro que no. Seguramente viene a México a establecer un curso de superación personal para derechairos remensos. Y vendrá acompañada por la princesa Cayetana, a levantarle los ánimos MCPRIAN y a ponerse el uniforme de la CIA en Chihuahua, y a explicarles a nuestros connacionales derechairos que no teman ser más fachitos que ninguno.
Ya escuché por ahí que para contrarrestar el efecto Ayuso, los zurdos quieren traer a su archienemigo, Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Catalunya, que es como su Bellaco y en los debates parlamentarios suele ponerla como lazo de cochino, al igual que a Abascal y Feijóo, líderes de Vox y el PP.
Sí imagino a mi Chabela pidiéndole consejos a Maru Krampus para meter agentes de la CIA en Madrid y no morir en el intento.
¡Ya viene la Ayuso y yo en chanclas!