Debe ser muy difícil ser opositor. Sobre todo porque el rápido proceso de venezolanización prometido no se ha cumplido, ni los capitales golondrinos emprendieron la graciosa huida, la represión que los exégetas piden a gritos nomás no llega, tampoco se ha caído el sistema financiero y México es apreciado por los inversores. Y lo peor que su sueño dorado en el que el peso estuviera agonizante no solo no se ha cumplido como pronosticaban nuestros más babeantes agoreros del desastre, sino que el dólar se ha deslizado por debajo de la barrera psicológica de las 17 bolas como dicen en el norte.
Y ahí están los dichos de los supuestos dioses menores de la onda financiera, yuppies viejos, choznos de los decadentes Chicago boys , chavorrucos en esteroides, convertidos chamba de palafreneros.
Debe ser de la chifosca mosca ser Claudio XXX, un capitalista salvajemente grupero y acabar siendo un falso mesías neoliberal. Y tener que autodenominarse de izquierda, ser porfirista por devoción y progre por obligación y terminar disfrazándote de feminista, indigenista, buenaondita y hasta de comunista de ocasión. Chale.
Igual está Jelipillo, Mr. Fake News, y los préstamos torcidos de Calderón.
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Milán Kundera, uno de mis escritores fetiche, ha fallecido. Lo leía con fruición en la universidad, donde fue objeto de culto, debates y reflexiones inmersivas. La Broma y La insoportable levedad del ser, fueron fundamentales para desentrañar las urdimbres de las falsas utopías, el autoritarismo y el fanatismo político. Fue una época donde los ejercicios libertarios de Kundera enfrentado a la imposición soviética, fueron utilizados por Octavio Paz y Enrique Krauze para fortalecer su viejo y ya muy artrítico discurso a favor del anticomunismo primitivo. En su dogmatismo convirtieron a Marx en demonio y a las luchas sociales en apocalipshits, mientras le condonaban todo a la dictadura perfecta priista que los consentía.
Mi libro preferido de Milán Kundera es La vida está en otra parte; quizá porque en ese tiempo me sentía tan perdido y tan pasional, y tan dado al kitsch (tema favorito del Mr. K, que era el otro Kafka de Praga que se negaba a ser una cucaracha) como Jaromil, el protagonista.
Hoy, en que la Inteligencia Artificial, la manipulación mediática, el Photoshop, retocan, redecoran, filtran la realidad y a la historia, evoco una frase de Milán Kundera: “La lucha del hombre contra el poder, es la lucha de la memoria contra el olvido”.