No veo a los de la “Eh, la BOA” celebrando que los trabajadores de la patria por los que tanto han venido sufriendo desde sus zonas de confort bien a pertrechados y monas, rodeados de sus objetos de culto y símbolos de estatus, van a tener 40 % más de recursos para su pensión y 15 años menos para consolidarla. ¡Qué raro!
Digo, tomando en cuenta que nuestros intelecuales nada orgásmicos, pero sí orgánicos, se les ha visto desde siempre bien preocupados por el incierto destino del proletariado sin cabeza al que tanto han defendido a sangre y fuego los últimos meses, parece un poco extraño que no se hayan manifestado a lo grande, como cuando confunden a Kike Alfacho con Mariano Otero, o convierten el retuiteo de fake news en deporte olímpico y otras espléndidas lecciones de humanismo. Digo, está bien que la tlayudita por el amor de Dios no sea lo suyo, pero se esperaba algo más de empatía con Lozoya Lozoyita, el barítono de la voz de terciopana y la Veldá histérica de Batiburrillo Karam.
Cómo estará la cosa que hasta los del Consejo Coordinador Empresarial y los de la Coparmex, a quienes no vamos a acusar de ser viejos lobos de Marx ni amigos de la lucha de clases, aplaudieron esta reforma laboral sin alegar que es el apocalipshit encarnado, dada su conocida capacidad para el melodrama patronal.
De hecho, a los amikos de BOA se les ha visto más conmocionados porque es una vergüenza que AMLO no haya disfrutado del avión presidencial como mi licenciado Peña —regalo cariñoso de Jelipillo—, que se gastó 313 millones de pesos en viajes más los pomos y ambigús (como dirían los clásicos ante una abultada cuenta, ¿pues quién cogió? ¿Quién pidió a la Banda Machos?), que por este pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para las pensiones del ejército laboral de reserva.
Pero aunque los aBOAfirmantes no hayan externado su beneplácito por los trabajadores, no dudo que en su fuero interno están muy conmovidos. De hecho, no me sorprendería que el fin de semana se les viera festejar estos logros saliendo a dar claxonazos con sus autos junto con los de FRENAA, al ritmo de “Quiero un lugar donde mis sirvientas no sean mi autoridad”.
Muchos piensan que esta gente bonita con tres doctorados y dos maestrías sería capaz de arrojar a Mario y Luigi a los infiernos del malvado Bowser solo por ser workingclass héroes, pero eso no tiene la menor importancia.
Al contrario, deberían ser hijos consentidos de Putla.
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