Siempre es bonito ver la elegancia de la militancia de esa instancia siempre en flagrancia llamada PRI, cuyos más altos prelados constituyen un conjunto de personajes de altísimo calibre intelectual, emocional, vivencial y cultural. Hemos visto con tristeza que esa gran institución política ha venido recibiendo los embates del desdén y la canalla, convirtiéndolo en objeto de burla, pitorreo e incomprensión, casi al nivel de Caldedrunk.
Heróicos los denodados esfuerzos de los pocos priistas que aún quedan, para salvaguardar los intereses de gente intachable, proba y buena como Donald Trump, Satanyael tío Pinchi, Claudio XXX González y todos aquellos que sueñan con la tierra prometida de la Gran Facholandia.
Es increíble que a pesar de sus maravillas los choznos de Don Plutarco están abandonados a su suerte, porque quienes antes los veneraban, incluyendo sus cómplices del PAN, me los pelusean bien gacho.
Afortunadamente hemos podido apreciar que algunos valientes miembros de este partido como el señor Mancilla – que se puso el uniforme de gorila que su jefe le regaló, y aquellas mentadas que nunca estrenó las reestrenó hoy- se lanzó contra el morenista Arturo Ávila como ya lo había hecho contra el Noroña, soltando una serie de encantadores epítetos extraídos de la filmografía de Alfonso Zayas, el Púas Olivares y el Caballo Rojas. Qué finura, qué poeta, qué inspiración la de este distinguido y fino priista que ha convertido el debate político en una sucursal de la Arena México.
Y es que cómo se le ocurre a Arturo contradecir al sabio líder y jefe de jefes del PRI con eso de su próximo desafuero y juicio político. No se vale.
Eso no se le hace a un priista educado en la Dictadura perfecta que porta en la sangre los genes de Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Zedillo, Salinas de Gortari y mi licenciado Peña. A un priista de esa estatura moral se le respeta como a un emisario del pasado, como aun enano del tapanco y como a un agorero del desastre.
Lo bueno es que hoy mismo toda la ultraderecha mediática unida como el ballet de Amalia Hernández en una coreografía perfecta, desafiante y coqueta, salió a apoya a Mancila como si fuera Rosita Fresita. Todo con el mismo ímpetu con el que han defendido a Ruffo Appel, el prócer del huachicol y a Aguirre Rivero que desapareció como Beto el Boticario los videos de Ayotzinapa. ¡Aplausos! ¡Aplausos!
Todo mal para los prianistas. En una de esas se van a tener que esconder, como Trump, en el carrito del catering. No se rían.