Lo dicho, Donald Trump es un incomprendido. Donde va le chiflan, lo abuchean y le recuerdan sus pachangones con Jeffrey Epstein y, lo peor, nadie entiende sus chistes guarros como de Anaya y Xóchitl argumentando que el petróleo está de salida.
Con la idea de invadir Groenlandia, Trump afirmó que allá solo tienen tres huskis y dos trineos para defenderse, a lo que los daneses respondieron con un video donde un ejército de muñecos de nieve bien uniformados, asustaban a Marco Turbio y al Mobuto Seze Seko güero y con pelucón. Y no solo eso, dice la propaganda dinamarquesa que Estados Unidos está tan devaluado que con 50 dólares lo compras.
¡Tómala, güerón! ¿Qué pasó con ese respetillo?
Cuando no son los osos polares, son los demócratas que todo el tiempo lo regañan, y si no la Suprema Corte que le quiere ponerle aranceles a sus aranceles y a sus bombardeos, y luego el jefe de la Reserva Federal, J. Powell, denunció a Trump por estarlo presionando porque quiere que las tasas de interés estén a la disposición de su “propia moralidad”. El chiste es que salvo ICE Gestapo y su gabinete de nazgules, sarumanes, horcos, huargos, smeagols y sus tribus MAGA zombificadas, el pobre Donald es un incomprendido.
Y lo va a estar todavía más porque al Donald se le ha ocurrido que regrese la prohibición de alcohol en Estados Unidos, alegando que ve a la ciudadanía muy desbalagada, poco atenta y adormilada. El nuevo slogan tampoco ayuda: “Lets Make America Sober Again”. Perdón, la última vez que los yanquis estuvieron sobrios fue cuando todavía no nacían las leyes de Gay Lussac, así que eso es una falacia del tamaño del Cártel de los Soles.
La cosa está tan torcida como esa onda del tío Pinchi de ir a Derechos Humanos a hacerse la vístima quesque porque el gobierno le quiere cobrar lo que le debe al SAT. Ese plutócrata tan loco al rato se va a declarar panda en estado de extinción, así que por eso no puede pagar.
Como quiera que sea, Trump no entiende en dónde se está metiendo. Cuando la gente llegue a la sobriedad después de la abstinencia, se van a dar cuenta de la realidad (represión, autoritarismo, trácalas, abuso de poder, pinochetismo siniestro, desempleo, crisis económicas, decadencia, por decir algo) y ante las evidencias se van a poner más rebeldes, disruptivas y comunistas de lo que por sí ya estaban.
Con esa prohibición se pueden repetir algunas de las cosillas que pasaron entre 1920 y 1933 y que se reducen a un nombre: Al Capone.
¿O es el nacimiento de Trump Capone?