Decía la vieja rola del master Gil Scott-Heron, “que la revolución no sería televisada”. Luego la banda The lastpoets le respondieron que ellos sí verían esa transmisión en vivo que, según yo, tendría patrocinios y más comerciales que en un partido de la Selección.
Lo que nadie podía prever es que el Apocalipshit sería anunciado como un reality show en prime time, pero no por un profeta o un visionario nostradamudesco como dicta la tradición, sino por un delirante Trumpzilla al que le gusta ver arder al mundo que no baila a su ritmo así sin ritmo, sin estilo ni cadencia, sin mover la cintura y lo hombros igualito que los cubanos.
Lo que tampoco era previsible ni en la más descarriada y supraviajosa novela ciberpunk, fumada y distópica, es que a este Apocalipshit del cheeto tamaño caguama las televisoras de Satanyahu le pondrían un reloj en cuenta regresiva como si fueran las fiestas de año nuevo. Y que los conductores de tan humanistas noticieros esperarían con fanática emoción los bombazos que, a decir de Jabba The Trump “acabarían para siempre una civilización”.
Ojalá nos hubieran mostrado las caritas de estos émulos Brozo y Tumel Chorres (que por cierto se sienten muy disruptivos cuando los dorilocos, los salchipulpos y las gomichelas son más disruptivos que ellos) cuando Irán les aplicó el quitarrisas con una victoria superior: Trump tuvo que aceptar todas sus condiciones con tal de abrir el estrecho de Ormuz. Casi les entrega en sacrificio a Peter Hegseth y a Marco Turbio.
Después de esto imagino el rostro tristito de Ben-Gvir, el nada genocida satayuhista que estaba muy orgulloso de haberles quitado todo a los palestinos y que solo quiere exterminarlos. Satanyahu debe estar experimentado lo que viene siendo una frase fundamental: Karma is a bitch.
La verdad, sí estaba gacho imaginar un fin del mundo tan poco epopéyico, tan desarticulado, fantochesco y desproporcionado de épica. El Apocalipshit patrocinado por un señor funabulesco, fraudulento y cavernario movido por la codicia disfrazada de falsa cruzada democrática.
Dudoso que Trump se conmoviera cuando millones de iraníes salieron a defender su territorio. Trumpzilla entendió que nadie lo quiere, todos lo odian y mejor se comió un gusanito, mientras aplicaba el de reversa, mami.
Republicanos y demócratas se están uniendo para sustituir a Trump. A ver si no termina en una cárcel de Bukele.
La lucha del hombre contra el trumpismo, es la lucha del hombre contra el Apocalipshit.