El fin del eterno retorno

Laguna /

El reloj ya no suena. Hemos visto nuestra vida pasar ante nosotros. Nuestro funeral pasa ante nuestros ojos y no recordamos las caras que nos visitan. Despertamos. 

¿Qué es lo primero que vemos? Un demonio. Este nos dice: "La vida que has llevado la repetirás por la eternidad." 

A esto... ¿qué responderíamos? El filósofo Friedrich Nietzsche se hizo esta pregunta, y el escritor Milan Kundera la respondió. La respuesta es variada, dependiendo del lector. 

Por ello, el ser (como pregunta metafísica) puede resultar como una levedad o algo insoportable. 

Si todo lo que hacemos debe repetirse, entonces todo tiene una importancia gigantesca, es decir, resulta insoportable decidir, o apenas vivir. 

Por otro lado, si lo que vivimos nunca puede repetirse, entonces la vida resulta leve, con una levedad que apenas imaginamos. 

Así, pregunto, en estos momentos de la historia, en los que la guerra toca la puerta y aquella invasión norteamericana parece estar en vísperas, ¿cuál escogemos llevar? Aquí entra la fascinante novela La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. 

Perseguimos la historia de Franz, Sabina, Tomás y Tereza, a quienes creo ser un reflejo íntimo de la sociedad contemporánea —aunque la novela lleve más de 40 años publicada— con sus desamores, sexualidad y cinismo, estudiados tanto de parte de los personajes como de los políticos del momento. 

Desarrollada durante la invasión rusa a Checoslovaquia en 1968, deja alguna especie de reflexión acerca de la vida que estamos viviendo. Volviendo a la tesis central: ¿cómo estamos viviendo? 

Primero, desconocemos siquiera si hay algo después de la muerte, si alguna vez volveremos a ver a aquellas personas con las que compartimos todo: vida, alma y hasta casa. 

En el día de hoy... ¿cómo vive usted? No puedo escuchar su respuesta, aunque así lo deseo, estimado lector. 

Por mí, puedo decirle que con esa ligereza —la que Tomás se empeña en sostener a lo largo del libro, convencido de que sus decisiones no pesan, hasta que pesan todo— o quizás depresiva forma de ver la vida (como el absurdismo que ha acompañado estas páginas) nos ha llevado al cinismo que acompaña la sociedad contemporánea. 

Por ejemplo, quisiera preguntarle: ¿se ha detenido durante un paseo a preguntarse qué está haciendo? 

¿Se ha cuestionado siquiera por qué? Estamos atrapados, en este momento de nuestra vida, en un ciclo de historias vacías, de vidas sin sentido o hasta decisiones tomadas por agentes externos. 

Así, concluimos en lo siguiente: hemos vivido ignorando el eterno retorno. 

Este es un mundo de posibilidades. 

Es posible que no reencarnemos, pero por lo menos, recordémoslo así. 

Vivamos como si cada decisión que tomamos hoy fuera a repetirse eternamente, porque eso es exactamente lo que el eterno retorno exige: no una vida posterior, sino esta misma, infinita. 

Solo así podremos vencer al dolor, la muerte y el cinismo que acompañan este universo en el que vivimos. 

Recuerde preguntarse, día con día, qué pasaría si la elección de hoy tuviera reflejo infinito. Porque siendo honestos, nuestra ignorancia es el infierno

  • Jesús Antonio Mendoza
  • Estudiante de Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Colaborador en la sección de literatura de Telediario Radio y El Supuesto, periódico universitario del ITAM.
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