El reloj sigue avanzando, y la vida se paraliza. No sabemos a qué respondemos ni cuáles son los motivos de nuestra vida. Nos comparamos quizás a un torero en un rodeo en las Ventas, con miles de personas gritando como si supieran lo que es tomar el capote. Los cuernos del toro, en este caso llamado depresión, amenazan con correarnos, con la gran diferencia que nosotros no escogimos ser parte de esa corrida.
La depresión funciona como un tabú a voces. Es irónico que a estas alturas de una sociedad “progresista”, todos padecemos alguna especie de trastorno mental, pero tememos dignarnos siquiera a nombrarlo. La vida deja de tener color para convertirse en una película de Charles Chaplin. La gran pandemia del siglo XXI es, quizás, la depresión. Ahora, ¿qué depara al paciente? ¿Qué siente? No, hay que ser exactos.
¿Qué sentimos?
En mi experiencia, nada. Ese es el problema. Heidegger, Nietzsche y Sartre, para mí, los maestros de la esencia tuvieron que sufrir esto. Solo un ser humano que no siente nada puede preguntarse lo que es. Llega una pregunta sobre lo que uno se siente, lo que uno es, a dónde va y por qué. Este sentimiento de nada es el síntoma que más he odiado. Las preguntas, o los coreos de la corrida, parecen impertinentes cuando el torero está en el último tercio. Según el periodo en el que uno se encuentra del padecimiento, se va torneando peor.
La ayuda viene de donde uno menos lo imagina: del gusto. De la identidad, cualquiera que sea -sí, incluyendo sexualidad, género y hasta ideología- se toma lo que uno necesita. Claro, el problema es si la brújula de la identidad se pierde. Si no sabemos quiénes somos, no sabremos a dónde vamos. Pero como escribió George Harrison: “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará ahí.”
Espero que este breve texto le inspire a tender la mano a alguien que sufra de esta condición, en cualquiera de sus vertientes. Los amigos, familiares y terapeutas son la única brújula que se tiene cuando nos hemos perdido. La corrida de toros necesita de público para ser; nosotros necesitamos compañía para no ser corneados.