¿Cómo vivir la resurrección en tiempos de mentiras?

  • Areópago
  • Jesús de la Torre T. Pbro.

Laguna /

Pasada la Semana Santa sigue la Resurrección de Cristo que en los libros litúrgicos de la Iglesia Católica – también en otras denominaciones cristianas-, se dice que es la fiesta de las fiestas, que el Domingo de Resurrección debe de vivirse como si fuera un solo día. 

Pero en la práctica, muchos presbíteros se van de vacaciones, mientras muchos fieles regresan de vacaciones que aprovecharon “en los días santos”, para descansar de la mala cara que se hace al compañero o compañera de trabajo.

Allá por el año 2010, los obispos mexicanos publicaron una exhortación pastoral con la preocupación central de promover la paz. 

Era como un catecismo que fundamentaba principios de la doctrina social de la Iglesia. Manifestaban sus anhelos de que los mexicanos trabajaran consciente y comprometidamente en la construcción de la paz. 

Respondían al México violento de entonces, y no advirtieron que iba a empeorar la situación, tanto que ahora hay signos de cambio y ya no saben qué responder, como si recientemente les hubieran cambiado las preguntas, como dice Eduardo Galeno.

Su voz de hace 15 años, señalaba serias deficiencias en la vida cristiana como consta en una como estas al preguntarnos qué nos pasa, decía: 

“El debilitamiento de la vida cristiana, del sentido de Dios y del sentido del hermano, de la vida comunitaria y del compromiso ciudadano, es un “desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y cómo estamos alimentando la vivencia cristiana” (…) 

La situación de inseguridad que vive México exige una respuesta urgente e inaplazable de la misión evangelizadora de la Iglesia. 

Esta respuesta parte del reconocimiento de las insuficiencias en el cumplimiento de nuestra misión, pues la crisis de inseguridad, el alto índice de corrupción, la apatía de los ciudadanos para construir el bien común y las distintas forma de una violencia, que llega a ser homicida, 

Son diametralmente opuestas a la propuesta de Vida Nueva que nos hace el Señor Jesús” (Nos. 185-186).

Pero no nos dimos cuenta a qué hora, de los años recientes, iniciamos el proceso de creer más en lo que favorece a nuestro egoísmo que a la verdad, razón por la cual mandamos al diablo la doctrina del “bien común” por lo que nos alegramos cuando un tirano elimina castiga a un pueblo, porque no le agradan sus gobernantes y su modo de gobierno no es el que al tirano place. A que caray.

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