Escribe Juan, porque sólo lo escrito vive

  • Areópago
  • Jesús de la Torre T. Pbro.

Laguna /

“Escribe Juan, porque sólo lo que se escribe, vive”, así le dijo una tía antigua a mi papá, Juan de la Torre, y luego, aquella mujer le dio datos, para que escribiera sobre lo que los lugareños llamaron el diluvio de Juanchorrey, allá por 1920. 

Por aquellas épocas, las familias de aquel pueblo antiguo, como a 90 kilómetros al poniente de Zacatecas, eran comunidades que les agradaba escribir en cuadernos los eventos que tenían que ver sobre historias familiares; tierras de agricultores, madereros, estañeros, carboneros, etc., que eran habitantes de la sierra; en el rancho: carpinteros, músicos, beisboleros, arrieros, compradores de surtidos varios que ofrecían los huicholes que frecuentemente por ahí pasaban.

Tobías de la Torre, párroco que fue de Matamoros, Francisco I. Madero, Nuestra Señora de Guadalupe, con una estadía pastoral de 24 años, al mismo tiempo que fue maestro del Seminario Diocesano de Torreón, de la desaparecida escuela catequística que inició el P. Salvador Bucio, y del Instituto Pastoral Pablo VI. 

Nunca dejó de estudiar, por lo que se conservó siempre con una competencia académica, y por su contacto observador en el pueblo, como pastor solícito para que el pueblo sencillo elevara su capacidad intelectual, contando con la confianza que le tenía a los campesinos.

El 9 de agosto del año 1025, el P. Tobías dejó esta vida a la edad de 83 años y dejó unos apuntes de lo que fue su ministerio como pastor, que se acaban de editar con el título de “Educar es Amar”, cuidadosamente custodiados por quienes fueron sus más cercanos colaboradores: 

Lic. María Guadalupe Ramos Martínez, Pbro. Javier Gómez Orozco, Samir de Jesús Fernández Ramos, que se muestran como coautores.

El citado libro muestra una teología pastoral no inferior a la teología latinoamericana, fruto de la convivencia con el mundo campesino en el desarrollo de sus procesos de los que fueron cómplices. 

Testimonian que la principal fuente pastoral fue su inserción en la vida de los campesinos y no les faltaron sus contactos con grandes teólogos latinoamericanos. 

El P. Rodolfo Reza andaba todo enredado para iniciar el camino del Plan Diocesano de Pastoral, allá por 1986, cuando se acercó al P. Tobías para pedirle sugerencias de sólidos teólogos que dominaran la eclesiología y para pronto le dio los nombres de los que al fin vinieron. 

Con su presencia yo fui testigo.

Luego siguieron las escenas de los pleitos rabiosos, pero salió el plan.

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