El 26 de julio de 1926, el Episcopado Mexicano publicó un documento para el pueblo católico mexicano en el que protestaba enérgicamente contra el contenido de la llamada “ley Calles”, que de acuerdo con el artículo Constitucional 130, no reconocía la personalidad jurídica de la Iglesia, le prohibía intervenir en la educación, limitaba el uso de los bienes, las propiedades.
Previamente en Jalisco se ejerció un boicot que repercutió en la bolsa de los Estados Unidos.
Los obispos mexicanos suspendieron los cultos en los templos.
El 31 de aquel julio, los templos se abarrotaron, pidiendo los Sacramentos y para los inicios de agosto, la Iglesia Mexicana pasó a la clandestinidad.
El Papa Pío XI de todo estaba informado, también los obispos mexicanos, pero unos pocos se mostraron solidarios y la mayoría se fue al extranjero y a los sacerdotes se les ofreció protección si se refugiaban en las ciudades, mientras otros caminaban con las causas cristianas del pueblo; mientras algunos se fueron a las armas, otros caminaron al martirio y algunos ya son santos canonizados por la Iglesia.
Un francés radicado en México ha escrito un libro en tres tomos, llamado “La Cristiada” que ha sido como una presa que se desborda, ya que muchos otros historiadores han acudido a este evento, para desentrañar mucha historia que está en las pláticas de nuestros abuelos y bisabuelos que fueron los actores de este evento de los antepasados cuyos hechos se guardaron en los silencios de las familias, ya que al gobierno no le agradaba que se hiciera memoria de estos hechos.
Para algunos revolucionarios se trataba de hechos penosos, o ambiguos, cuando se sabía de generales, gobernadores, diputados, políticos notables que celebraban los Sacramentos en sus casas o encapillas privadas, argumentando que estaba bien, o que la religión era un asunto privado. Transas.
Muchos historiadores e intelectuales confunden el movimiento de la Cristiada con los movimientos de lo que hoy en día se llama, la derecha.
Flaco favor se le hace a este movimiento, que tampoco hay que confundirlo con alguna rama del marxismo.
Si se observa las labores que estos hombres y mujeres de la Cristiada, creando cajas de ahorro, cooperativas, periodismo que va más allá de un hojita piadosa, luchando por la democracia, creando muchas asociaciones promotoras de la dignidad de la mujer se advierte que caminan por senderos que llevan a la promoción humana.