La mentira frente a la verdad, en la información

  • Areópago
  • Jesús de la Torre T. Pbro.

Laguna /

Al medio día del 22 de febrero, al salir cientos de creyentes de Misa dominical, se inició la información que conmocionó a muchos mexicanos y hasta ciudadanos extranjeros, de que había sido abatido por el ejército mexicano, Rubén Nemecio Oceguera Cervantes, señalado como líder de uno de los cárteles más notables. 

Aún cuando el gobierno mexicano comenzó a dar información, hubo ambientes sociales que le dieron credibilidad a la información de que eran los Estados Unidos los ejecutores de este hecho, aunque oficialmente los organismos más importantes que se ocupan de estos eventos felicitaron al gobierno mexicano por el hecho.

Allá por 1973, ante circunstancias convulsas, los obispos mexicanos dieron una orientación pastoral en la que advertían:

 “La mentira homicida del Maligno que el hombre creyó, a saber, que desconociendo a Dios podría llegar a ser “como dios” (Gn. 3, 5), continúa engañando a los hombres en nuestros días, haciendo creer que podrán llegar al pleno desarrollo de su persona valiéndose de sus capacidades naturales y de sus relaciones humanas sin necesidad de que Dios transforme lo más profundo de su ser…” (Núm. 30). Hoy en día, la mentira se ha transformado en arma política.

Estamos frente a un hecho espectacular que tiene muchas explicaciones. El afán de dinero a como de lugar, es un gusano que está en las aspiraciones de muchos. 

Tanto en los políticos de viejo cuño, como en los grandes y pequeños traficantes de drogas; también lo está en los grandes del mundo que no les importa tumbar gobiernos de pueblos, apoderarse de sus recursos, bloquear sus fronteras para ahogar su economía, con el pretexto malvado de la democracia, como si la democracia de los Estados Unidos fuera tan ejemplar.

Dejen de mentir, es el reclamo de los pueblos. 

La vida de bienestar de una persona o de una sociedad, sólo se logra con la práctica de la justicia, que va unida a la caridad, a la honestidad. 

No son las opciones políticas la última palabra, pero hay que jugársela con sinceridad y no acudir a marrullerías y a informaciones carroñeras para las que toda mala voluntad se pinta sola, sobre todo en ambientes de confrontación, como el frente que domina hoy en día un pequeño grupo del país, que tiene grandes medios tecnológicos en su poder. 

“Cuando la falta de respeto a la integridad de las personas, la mentira y la corrupción campean, no podemos menos que pensar que hay una crisis de moralidad” (Obispos mexicanos, en otras circunstancias, n. 106).

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