Ante la abundancia de opiniones contra la consulta que se promovió el pasado primero de agosto, no faltó quienes dijeran que la Doctrina Social de la Iglesia, era un apoyo para no participar ni decidiendo por el “si”, ni por el “no”.
Abunda las respuestas en contrario, como la que sigue, de Juan Pablo II:
“La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien de sustituirlos oportunamente de manera pacífica” (CA. Núm 46) O sea, se pretendió enseñarle el Padre Nuestro al señor cura.
Pasó la fecha del primero de agosto, y tanto el Presidente de la República, como el Presidente del INE, con distintos motivos, se sienten muy satisfechos a pesar de que los participantes registran un número tan pobres, apenas un pasadito 7% de los votantes registrados.
Exceptuados estos dos centros de poder, los comentarios tanto a nivel nacional como internacional hablan de un fracaso de la consulta.
Casi nadie va a las causas que originaron la escases de votantes, entre los que está el INE, que ya tiene semanas reportándose como mártir, demócrata y repartidor de culpas a varias instituciones.
Ellos son limpios. Diarios de peso, con un ejército de columnistas que no pueden ver bondad en una consulta democrática.
El país fue contaminado con opiniones contrarias. Uno de tantos hechos políticos de tal día.
En una casilla del centro de la ciudad de Torreón, en una escuela de gobierno, están tres sesiones con sus respectivas mesas receptoras y hay que tocar, porque hay puerta cerrada.
Por lo que se ve, el acceso al lugar de la votación es casi secreto.
Consuela el hecho de las personas receptoras se comportan con una amabilidad gratificante.
Pero desconsuela que a la una de la tarde, ya varios de los encargados de las mesas receptoras están cruzando alteros de boletas.
Quizá presagien que a final del día no llegaran suficientes electores, pero es el mediodía, ¿y quién les dijo que adelantaran el quehacer?
Cerramos esta columna semanal con un cuento.
A dos jóvenes fortachones alguien les dice que en la cumbre de una colina hay un magnífico arcón de Navidad que es para el que primero llegue allá, pero que hay que caminar con una carga de leña a la espalda.
Uno de ellos se enoja y comienza a decir cuál es la razón para que no le hubieran entregado el arcón en piso, mientras que el otro simplemente fue a recoger el arcón por vía libre, en caballo de hacienda.
Y este es el problema político que hoy traemos.
Caminar, caminar.