Amar y resistir

Ciudad de México /
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Falta poco para que un robot sea el amante perfecto. Reuters


“Al separar el amor de toda su irrealidad, se mutila su realidad”. Esto lo escribió Gaston Bachelard, en su libro La poética de la ensoñación (1960), para señalar la carga de ficción que lleva el acto de enamorarse de una persona. 

El enamorado exacerba, incluso inventa, los atributos de la persona que se convierte en el objeto de su amor y, cuando deja de inventarlos, el enamoramiento se desvanece. 

Desde este punto de vista enamorarse es un ejercicio literario, se enamora uno de la ficción que le ha construido a la persona real. 

Esta irrealidad que defiende Bachelard no es solamente una ficción útil que enriquece nuestra vida, también será, en un futuro muy cercano, un talento (el de producir esa irrealidad), que tendremos que defender para no desvirtuarnos como especie. 

Si ya hay robots que juegan ajedrez y tenis, y que operan un cuerpo, ¿cuánto falta para que llegue uno que sea el amante perfecto? Un cuerpo construido a nuestro entero gusto, con las proporciones, las facciones, el olor, la textura de la piel y la temperatura, pero también los ademanes, la voz, la forma de hablar, el gusto por ciertas cosas y la memoria: un cuerpo que sea la rigurosa materialización de esa irrealidad que pasará a ser, paradójicamente, la realidad. 

En el territorio del amor, que es el fundamento de nuestra especie, ¿qué papel va a jugar la persona real? Si nuestra amante robot es perfecta, ¿tendrá sentido batallar con las imperfecciones de una persona de carne y hueso? A mí me parece que sí, porque ese ejercicio de construcción que hacemos al enamorarnos de una persona, genera un vínculo único: no sólo la amamos, también amamos lo nuestro que hemos puesto en ella: ya no es sólo ella, somos los dos. 

La sentencia de Bachelard adquiere, desde esta perspectiva, una contundente vigencia: el amor separado de toda su irrealidad, ese que tiene su realidad mutilada sería, precisamente, el de nuestro amante robot. 

Habrá que empezar a considerar el hecho de enamorarse, con toda su carga de ficción, como un acto de resistencia ante ese futuro que ya está aquí. 


  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
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