Elogio del quehacer

Ciudad de México /

Sísifo es el más astuto de los mortales. Un día, por ejemplo, Zeus le envió a Tánatos, el genio de la muerte, para que lo matara, pero Sísifo lo inmovilizó atándolo con unas cadenas. Mientras lo tuvo atado nadie murió, los habitantes del mundo vivieron una tregua, hasta que intervino Zeus. Si hubiera una lista cronológica de los decesos de toda la historia de la humanidad, la treta de Sísifo hubiera dejado un extraño hueco, inexplicable para quien no se sepa el mito.

“Los mitos están hechos para que la imaginación los anime”, escribió Albert Camus (El mito de Sísifo, 1951).

Pero la fama de este personaje viene del castigo que, por otro motivo, le impuso Zeus: empujar una enorme roca colina arriba que, al alcanzar la cima, regresa rodando a su lugar de origen y Sísifo tiene que volver a empujarla colina arriba, y así por toda la eternidad. La imagen del astuto Sísifo empujando esa piedra nos sugiere una interesante reflexión sobre el trabajo, sobre la forma en que ocupamos las horas del día. No caigamos en la simpleza de ver en este mito un elogio de la esclavitud.

En su ensayo En el nombre de Hesíodo (1941), Alfonso Reyes lanza una pista: “Mientras sólo nos dejamos transportar por los días, somos un ligero corcho que flota en la corriente: la vida nos vive y no la vivimos nosotros. Sólo cuando injertamos en los días los trabajos estamos viviendo por obra propia”.

Concediendo que Sísifo es el trabajador alfa, pues no para de empujar su roca, tenemos que lejos de que su vida lo viva, él la vive, gracias a su quehacer ininterrumpido, con una gran intensidad, desconocida para nosotros pues a su lado somos unos trabajadores más bien modestos.

“Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa”, dice Camus, que vio el lado virtuoso del castigo: el del sentido que da a una vida el tener un quehacer. El condenado a la gota malaya no cuenta con ese quehacer.

Al final de su ensayo, dice Camus: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.

Jordi Soler

  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
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