Un mundo perdido

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

“La lámpara, la vereda, el cántaro en el pozo, los pies descalzos, son un mundo perdido”. Jaime Sabines escribió este verso en 1961, en uno de sus poemas dedicados a la vida en la ciudad. Hoy, el mundo perdido que evoca, se ha perdido todavía más. 

El grifo sustituyó, lamenta en su verso el poeta, el proceso de ir con un cántaro al pozo para conseguir agua, una actividad que implicaba un esfuerzo físico, el desplazamiento cargando la vasija, y un beneficio social: el contacto con las personas que se abastecían en ese mismo pozo, o con las que se encontraba uno en el camino, que desde luego tendría más almas de las que tiene alrededor el grifo del baño. Lo mismo sucedió con la bucólica vereda, que despareció debajo del asfalto, y con la lámpara (el quinqué, se entiende) que, a diferencia de la iluminación eléctrica del salón, alumbraba sólo el entorno inmediato y permitía la convivencia con la penumbra y la oscuridad, dos matices de la luz que, como todo matiz, enriquecen la realidad. 

El poeta Jaime Sabines. Eliane Cassorla

Más adelante en el poema, Sabines señala: “Nadie cuenta cuentos. La televisión y el cine han sustituido a los abuelos”. Señala a la televisión y al cine como los grandes usurpadores de la convivencia y a los abuelos como los trasmisores de las historias, del hilo narrativo de su comunidad. 

Joan Manuel Serrat dice, en una lúcida alocución que circula en Youtube: “prescindir de los viejos no sólo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria”. Y es, también, una manera muy eficiente de perder ese mundo que ya Sabines daba por perdido. 

Hoy nos ha crecido desmesuradamente el monstruo, la televisión y el cine han sido remplazados por la red y la narrativa de los abuelos, que era la sabiduría transmitida de generación en generación, ha sido erradicada por el torrente de datos que nos ofrece cada instante la pantalla y que sustituye no sólo a los abuelos, también a los padres, a los amigos y a los libros, que ya ni hace falta quemar.   

“Este viaje suntuoso que hemos emprendido hacia el mañana sin haber amado lo suficiente nuestro ayer”, nos dice Jaime Sabines al final del poema. 



  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite