La primera barba y la melena sobre los hombros, botos camperos de Valverde del Camino, chamarra verde de veterano de Vietnam… y Madrid puertas abiertas. Las cartas de México tardaban 18 días en llegar a lectura al filo de los bares o en los pupitres complutenses; las horas de archivo y biblioteca también se invertían en dormir porque las madrugadas eran todas travesías entre fantasmas: la noche que una anciana seguía el paso de la sombra como una bruja y las tres horas de discusión taurina con un anciano banderillero. El azar constante y el reto de cruzar el parque de El Retiro a deshoras y de punta a punta, el eco de las botas en calles insensibles de Lavapiés… la ausencia de tacos o tortas o kebabs o bocadillos de madrugada, salvo en chiringuitos de taxistas. Alguien habla de la inminente llegada de teléfonos móviles y la próxima muerte del fax. En un mesón de siglos sirven un cocido que nadie jamás ha logrado comerlo completo y un colega se queja de que las librerías guarden horarios de comercio común. Caminar y andar (que no es lo mismo) durante horas en un larguísimo monólogo que a veces se vuelve soliloquio peripatético al filo de las voces del ambiente, los piropos en peligro de extinción, el horario de los periódicos, los ensayos y novelas inalcanzables, la veracidad de ciertos testimonios, la tomadura de pelo, el examen oral a las 7 de la mañana y uno que viene llegando de un tablao donde una gorda por arrobas baila descalza y en la mesa del fondo un cineasta llora en silencio. Se alquila la habitación donde la dueña permita el uso diario de la Olivetti Lettera 25, el traqueteo desvelado de las palabras y el humo constante de tabaco negro sobre una alfombra de servilletas y cáscaras que todos tiran al piso mientras una gitana prestidigitadora extiende un clavel para echar mano a la cartera, las pústulas de un pordiosero, la mirada fija de un gendarme y el tricornio de la Guardia Civil, los topos del Metro y la metralla cacariza de la Guerra Civil. Se entraba al Prado cada martes y gratis con el carné plastificado (que no Credencial Enmicada) y una banca de piedra se instalaba de pronto el silencio… sabiendo que todo aquello no fue más que abono para el insomnio al paso de medio siglo: hoy que vuelven a la mente los subrayados y las canciones olvidadas, el sabor de vacíos y la soberana sensación de ser el único en el mundo que sabe exactamente la localización exacta de su persona.
Abonos de antaño
- Agua de azar
-
-
Jorge F. Hernández
Más opiniones
-
-
Mara y Claudia, autogoles incomprensibles
- Pensándolo bien
-
-
-
Ni lo destaparon ni lo cerraron
- En privado
-
-
-
¿Un coche bomba es o no terrorismo?
- El asalto a la razón
-
-
-
Trascendió
- Trascendió
-
-
-
El año que definirá un sexenio
- Duda razonable
-
-
Ir a todas las Opiniones
MÁS DEL AUTOR
-
-
El Equilibrista
- Agua de azar
-
-
-
Por goteo
- Agua de azar
-
-
-
'La ola verde'
- Agua de azar
-
-
-
La cascarita
- Agua de azar
-
-
Ir a las columnas de Jorge F. Hernández
LAS MÁS VISTAS
-
Erin Piacenti, vicepresidenta de Bank of America, una de las víctimas del ataque en Times Square -
Claudia Sheinbaum presenta Segundo Informe de Gobierno EN VIVO: Mensaje de la Presidenta de México HOY 1 de se -
Oficial. Calendario de PAGOS de Pensión Adultos Mayores de Septiembre 2026: FECHAS del depósito del apoyo de 6 -
Oficial. Huracán 'Karina' de categoría 4 avanza por el Pacífico: ¿Dónde se encuentra y qué estados serán afect -
Espero que Rubén Rocha sea expulsado de México y enviado a EU: exdirector de la DEA