En inglés, deambula sobre la tensa cuerda de alambre y en español, funámbulo sobre la cuerda floja contra vientos y mareas. Desde hace cuatro décadas y un día, El Equilibrista es nombre de una de las editoriales independientes más importantes del mundo con Eñe en una taquicardia de equilibrio y balances entre el enfangado circo editorial de ambas orillas de un océano y la cuidadosa tipografía, elegantes pliegos de papel y diseño de altísima calidad. El Equilibrista cumple cuatro décadas sobre los pilares de un sólido catálogo ejemplar por ejemplar con la Pértiga de sus ensayos reunidos en un policromado estante extendido, con el tiempo multiplicado en la Hora Actual y de siempre de multicolores cuentos, relatos y crónicas y en incontables volúmenes únicos por su tersa lectura, su palpable traducción o la música callada de sus páginas. El Equilibrista avanza paso a paso que son 40 años sobre las puntas y las palmas de cada pie de página, cada proyecto por encargo, cada libro de arte como hogar para lo que llaman prosa de arte.
Oficialmente, DGE Ediciones El Equilibrista es una editorial independiente que también merecería las exenciones y privilegios con los que el Estado mexicano cacarea por estos días el “rescate de la década como salvación de toda una Era”, pero el enrevesado sinsentido del populismo (que logra el abrazo financiero entre quienes ayer se mentaban la madre) no apunta hacia enderezar la podrida cuadrícula del mercado editorial, la penitencia por las bibliotecas ya extintas y promover o procurar la viabilidad y beneficios de una ley del libro o de un entramado que beneficie a todas y cada una de las imprentas y editoras independientes. Por hoy, el gobierno malabarea el engañoso justificante ideológico o ideologizado de aparentar salvar una nómina de títulos progres (cuyos autores ha tiempo vendieron sus derechos a inmensos sellos transnacionales que pagan mejores regalías).
Por encima de esos pantanos, El Equilibrista se ha sostenido incluso en tiempos del ventarrón (cuando la basura sube) y sin recibir espacios gratuitos para venta en antiguos palacios o montañas rusas, resiste aunque resienta, reedita sin reventar y se reinventa sin pretextos de pandemia o la problemática del mercado porque su nombre está en el verso de un poeta que parecía pirata, en ese viento ligero que es lo único que permanece cuando se esfuma la rosa y la mirada perdida de un gaviero callado o la gota de sangre que es hilo de palabras sobre unas páginas como nieve.
Por otras cuatro décadas de El Equilibrista lanzo mi garra al ruedo con la gratitud por volverme mejor lector, cómplice y corresponsal de mis hijos en sinfín de libros y por tantas gracias que le debo a Diego García Elío su fundador y timón, al Faro que ilumina Sara Afonso, al genial Gonzalo y tantos afectos vivos y fantasmas que han pasado por esta casa suspendida entre nubes y nubarrones donde todas las paredes están cubiertas con las caras de libros, rostros de poetas, semblanzas de memoria y retratos de imaginación ilimitada… mirando hacia la clara ventana de un balcón vacío llamado mañana.