Es lamentable y ominoso el reprobado nivel en lectoescritura que arrojan los resultados de la llamada prueba PISA de desempeño educativo en jóvenes mexicanos de 15 años de edad. También informan que hay retroceso en matemáticas, aunque al parecer el rubro de ciencias en general apunta un repunte (valga el ripio). El rubro que más me importa es el de la lectura (su posibilidad y comprensión) así como el de escritura (a mano o con teclas y no tanto el audio para mensajes de celular). Supongo que el problema de lectoescritura empaña a la generación pospandémica (y más allá) con el peligroso abismo como resurrección de volver a un México mayoritariamente analfabeta y ágrafo, un paisaje promisorio envuelto en el humo de la ignorancia total, la estupidización
en pantallas y otras serpientes desplumadas.
Sugiero entonces con todo respeto y humildad que la Presidenta de la República aparezca en la llamada “Mañanera del Pueblo” con un libro en mano por lo menos una vez a la semana y que lea un párrafo al azar o un verso sentido en menos de un minuto en cualesquiera de esos días. Sugiero que los llamados Ministros de la Suprema Corte de Justicia aprendan a cargar un libro en edición de bolsillo
(relacionado con leyes o la Constitución) y que escriban una cuartilla en libre prosa a la semana (a leerse en voz alta) y ruego a todos los diputados y senadores (pluris, ausentes e imputados) que intenten leer un libro por semestre, intentando a su vez escribir en una sola cuartilla una opinión sobre lo leído.
Sugiero que empresarios millonarios, esforzados aventureros de la pequeña y mediana industria, la anchurosa clase media mexicana y todo contribuyente fiscal procure la compra y lectura de al menos un libro cada dos meses, su lectura y consecuente escritura de un brevísimo texto de recomendación o repudio a publicarse libremente en redes sociales. Sugiero que ministros de todo culto, amas de casa y obreros desempleados, albañiles apenitas, jugadores de pádel y tochito, futboleros y comentaristas, bailarinas y músicos callejeros fomenten y contagien el afán por llevar un libro en mente, en propia mano y además un papelito donde escriban un brevísimo párrafo con lo que se les ocurra…. ¡Ah y de paso, pido que a los alumnos de todas las edades se les regale un lápiz con una hoja suelta donde escriban por lo menos su nombre y su palabra favorita! Así quizá se vuelva costumbre dormir y despertar, comer y correr con un libro en mano… y memoria.