Prefiero no hacerlo

Ciudad de México /
Jorge F. Hernández

Publicado en el número de noviembre-diciembre de 1856 de Putnam's Monthly Magazine, “Bartleby, The Scrivener” se ha traducido al español como “Bartleby, el escribiente”, aunque podríamos sinonimizarlo como copista o bien, escribidor. Su autor, Herman Melville alcanzó póstuma gloria con Moby Dick, novelón infinito de obligada lectura y relectura, pero con el cuento de Bartleby hablamos no sólo de un ejemplo perfecto de lo que llaman en inglés historia corta o relato breve y que en español aliviamos y alivianamos con llamarle cuento a lo que cuenta, al chiste que tiene su métrica y precisa medición y al chisme que si se cuenta mal arruina la reputación de protagonistas equivocados.

Bartleby es un personaje fantástico y un ejemplo raro que a menudo hay que admirar e incluso clonar. Es un raro duende burocrático, verdoso o gris, que guarda silencio la mayor parte del tiempo que le duran sus párrafos y que al conseguir empleo en una oficina de Wall Street como escribiente o copista vierte inicialmente todas sus energías en el debido cumplimiento de hacedor y verificador de letras… hasta que llega el día y la bendita línea en tinta donde Bartleby responde “Preferiría no hacerlo” ante cualesquier pregunta, sugerencia, orden, petición o insinuación de su jefe. 

No cuento más del cuento para instar a quienes lo desconocen a que hoy mismo se afilien a esa linda e inofensiva forma de desobediencia civil, también hálito y aliento de libertad o declaración de íntimos principios ante la testaruda y engreída imposición del poder en todas sus formas. Que si aquí yo mando y sólo truenan mis chicharrones para que hagas o deshagas lo que dicto, pues preferiría no hacerlo y en santa paz; que no tienen ningún caso o beneficio seguir gastando saliva ante la imbecilidad y mentira de los políticos, hartazgo que inyecta ganas de insultarlos y seguir escribiendo o describiendo sus descalabros y desmanes, pues preferiría no hacerlo y mejor aún: me concentro en rendirle un homenaje a Bartleby, el fantasma que quizá se forjó su caparazón en la oficina de objetos olvidados o cartas sin remitente o destinatario que se quedaron en el limbo vacío de las amnesias y decidió entonces heredarnos esa sana renuncia a encarar o incluso hablar con tanto mamón engreído y empoderado que cree tener siempre la razón cuando en realidad se le podría iluminar las entendederas con crema de lodo en sus fauces o siete palabras que demuestran sus inútiles equívocos pretenciosos… pero prefiero no hacerlo. 

  • Jorge F. Hernández
  • Escritor, académico e historiador, ganó el Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández por Noche de ronda, y quedó finalista del Premio Alfaguara de Novela con La emperatriz de Lavapiés. Es autor también de Réquiem para un ángel, Un montón de piedras, Un bosque flotante y Cochabamba. Publica los jueves cada 15 días su columna Agua de azar.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.