En 1980, 62 esperanzados delirantes terminábamos la preparatoria lasallista con incesantes celebraciones etílicas donde brindábamos dizque en polaco por la vibra eléctrica de un sindicato en los astilleros de Gdansk que se traducía como “Solidaridad”. Aunque nos tildaban de rojillos o rijosos, ni los curas, hermanos, profes y padres de familia pudieron reprimir nuestra politización porque mi generación decantaba el añejo adagio de las confusas consignas y banderas (esa revoltura donde los soviets parecen fascistas y los fachos llevan sotana). Además, el papa era polaco, así que “alégale al umpire”, como dicen los beisbolistas en Minatitlán, Veracruz.
En 1985 casi todos terminábamos una carrera universitaria y pusimos los brindis en obra y la palabra solidaridad se volvió práctica y coloquial con el primer terrible terremoto del 19 de septiembre. Hasta Salinas de Gortari la volvió campaña presidencial y luego, programa de su gobierno. Incluso, hubo un ridículo video donde cupletistas y charritos de todo nivel cantaban “Solidaridad” como si de veras fuéramos todos “We Are the World”… Medio siglo después, sólo soy cercano a dos o tres antiguos compas, Walesa llegó a presidente, Salinas se convirtió en el Chupacabras y canonizaron a Wojtyla a pesar de haber solapado al hiperfascista Escrivá de Balaguer… y de guinda el fascismo neonazi llegó a la Casa Blanca y los antiguos líderes estudiantiles mexicas desfilan loas con los milicos de verde olivo, pactan con el narco y se ostentan como cleptomitómanos y como viejos prii stas.
Con todo, expreso mi solidaridad aquí a todas las generaciones de Bien, a los sobrevivientes de todos los males y enfermedades, a los que reclaman y a todas las Madres que buscan sus ausencias, los que seguimos confusos y cantando polonesas, desde aulas, ayunas, hospitales, hoteles u hogares y todo versus fascismo para paso a pasito equilibrarnos en la cuerda floja que en inglés se tensa (tight rope) para tirar pa’lante y cantar con Zuaraz: “¡Camina!, pa’ atrás ni pa’ pensar!”.