Cuando los padres nos quedamos huérfanos

Tamaulipas /
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Hay un período cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos.

Es que los niños crecen independientemente de nosotros. Crecen sin pedir permiso a la vida, con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti y con una naturalidad increíble te dicen cualquier cosa que te indica que esa criatura de pañales, ¡ya creció! ¿Cuándo creció que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron los juegos en la arena y los cumpleaños con payasos?

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estas allí, en la puerta de la disco esperando no sólo que no crezca, sino que aparezca. Allí están muchos padres esperando que salgan.

Allí nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas. Con el uniforme y sus pesadas mochilas en los hombros y allí estamos nosotros, con los cabellos canos. Y esos son nuestros hijos, que amamos a pesar de los golpes de los vientos, de las escasas cosechas de paz, las malas noticias y la dictadura de las horas.

Ellos crecieron observando y aprendiendo de nuestros errores y nuestros aciertos. Principalmente con los errores que esperamos no se repitan.

Hay un periodo en que los padres nos quedamos huérfanos de los hijos.

Ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y del cine, ya pasó el tiempo del fútbol y el ballet. Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Al principio fuimos al campo, la playa, navidades, piscinas y amigos. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, no podían dejar a sus amigos y primeros enamorados.

Quedamos los padres exiliados de los hijos. Teníamos la soledad que siempre deseamos, y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, oramos mucho para que busquen la felicidad y conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

El secreto es esperar. En cualquier momento nos darán nietos. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

Así es. Sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres y sólo aprendemos a ser padres después de ser abuelos. Autor anónimo.

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  • Jorge Reynoso M.
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