El gran general japonés Nobunaga decidió atacar a pesar de que sólo contaba con un soldado por cada diez enemigos. Él estaba seguro de vencer, pero sus soldados abrigaban muchas dudas.
Cuando marchaban hacia el combate, se detuvieron en un santuario Sintoísta. Después de orar en dicho santuario, Nobunaga salió y dijo: Ahora voy a echar una moneda al aire. Si sale cara, venceremos, si sale cruz, seremos derrotados. El destino nos revelará su rostro.
Lanzó la moneda y salió cara. Los soldados se llenaron de tal ansia de luchar que no encontraron ninguna dificultad para vencer.
Al día siguiente, un ayudante le dijo a Nobunaga: Nadie puede cambiar el rostro del destino. Exacto, replicó Nobunaga mientras le mostraba una moneda que tenía cara por ambos lados.
¿El poder de la oración? ¿El poder del destino? o ¿El poder de una fe convencida de que algo va a ocurrir? Autor anónimo.
Amigo lector, ante sus exigencias ¿Cuántas veces se da por vencido aún antes de luchar?, ¿Cuánto exagera el tamaño y la complejidad de sus problemas?, ¿Le gusta subestimarse y asumir el papel de víctima?, ¿Es fiel creyente, o sumiso dependiente de la suerte?
La vida es un continuo caer y saber levantarse, nos permite atesorar experiencias e ir creciendo a la par del tamaño de nuestros problemas, y así de ir enfrentando y superando nuevos desafíos.
Cierto está que en ocasiones, pese a sus grandes esfuerzos y a su mejor dedicación, las cosas no salen como desea, pero también, que sus resultados, buenos o malos -la cara o la cruz de la moneda– mucho dependen de su buena o de su mala actitud.
Como también sabe que un pensamiento negativo aunado a una actitud de desconfianza, de miedo y de inferioridad, lo arrastrará al fracaso, y que un pensamiento positivo, aliado a una actitud optimista, segura y firme, le abrirán sus brazos al éxito. Construya pues sus propios resultados, no se los deje a la suerte.
Y no se detenga, que sus buenos resultados antes que conformarlo, lo motiven a enfrentar mayores desafíos y superarse. Recuerde que ya alguien dijo: Yo sí creo en eso que llaman suerte, porque estoy convencido que entre más trabajo, más suerte tengo. Usted ¿qué opina?