La tortuga y la liebre

Ciudad de México /

Una tortuga y una liebre discutían quién era más rápida. Para dirimirlo, acordaron una carrera. Trazaron una ruta e iniciaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad, y al ver que llevaba mucha ventaja, se sentó a descansar. Pero pronto se durmió. La tortuga, con paso lento, la alcanzó y... le ganó. Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Pero la historia no termina ahí: La liebre, decepcionada, reconoció sus errores. Descubrió que había perdido por presumida y por confiada. Y retó a la tortuga a una nueva carrera. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente. Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

La historia tampoco terminó aquí: Tras su derrota, la tortuga concluyó que como estaba planteada la carrera, siempre perdería. Desafió de nuevo a la liebre y propuso una nueva ruta. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta encontrarse con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba que hacer, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó ganando. Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, ganarán.

Y ésta historia aún no termina: El tiempo pasó, y tanto compartieron, que terminaron haciéndose buenas amigas. Decidieron repetir la última carrera, pero ahora corriendo en equipo. Así, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón, luego la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como lograron un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado en sus logros individuales. Moraleja: Si somos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, seremos más efectivos. Si dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos recursos y obtenemos mejores resultados. Autor anónimo.

Amigo lector, asintamos que no hay que hacer cosas extraordinarias, sino las cosas ordinarias, hacerlas extraordinariamente bien. ¿Qué opina?

  • Jorge Reynoso M.
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