Las redes sociales nos quitaron a los periodistas la exclusividad del micrófono.
El ciudadano tenía que esperar, en caso de catástrofe, a una edición extra.
Ya con televisión global, seguíamos dependiendo del testimonio de los corresponsales.
Ahora todo mundo reportea y hasta editorializa apenas suceden los hechos.
Surge así un torrente de información pero también de desinformación.
Con todo y redes, seguimos necesitando observadores calificados, objetivos.
En las redes nos ofrecen información útil pero cruda y que indigesta.