Arranca Claudia 4.0, la etapa decisiva

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio
Luis M. Morales

M+.- Hace más de dos años escribí un artículo con el título “Las Cuatro Sheinbaum”, para expresar la idea de que la capacidad de la Presidenta para imprimir a la 4T su verdadera impronta sería un proceso paulatino. Obviamente, de menos a más. “La primera Claudia” era la que podía expresarse tímidamente en tiempos de campaña, cuando su designación como abanderada de Morena dependía esencialmente de la definición de Morena y su líder, Andrés Manuel López Obrador. Eran tiempos que exigían mostrar la capacidad y consistencia necesarias para continuar el proyecto del fundador; una situación poco propicia a explayarse en los matices que ella concebía para su segundo piso.

La segunda Claudia existió brevemente durante los cuatro meses que mediaron entre su elección y su toma de posesión. La Presidenta electa adquirió mayor confianza gracias a un resultado extraordinario: obtuvo 60 por ciento de los sufragios, casi 7 por ciento más que lo conseguido por diputados y senadores de su partido. Un espaldarazo popular que la legitimaba no sólo en términos legales sino sobre todo políticos. Consecuentemente se permitió expresar, aunque de manera genérica, aspectos de su agenda para ser incorporados al programa de la 4T: el papel de la mujer, el medioambiente, la modernización de la administración pública.

La tercera Claudia es la que hemos visto a lo largo de estos casi dos años iniciales de su gobierno. Inevitablemente un período de transición. Y no sólo porque todo relevo, trátese de instituciones políticas o no, incluso privadas, entraña una etapa de reacomodo y validación. Particularmente en este caso, en el que asume la primera Presidenta en la historia del país, en medio de un escepticismo, dientes para dentro, de la muy masculina red de poderes fácticos. Y sobre todo, con las dificultades inevitables de relevar a un líder carismático que había hecho del partido en el poder una extensión de su voluntad.

Mirado así, lo que ha realizado Sheinbaum en menos de dos años es notable. No sólo porque, pian pianito, ella ha ido incorporando piezas adicionales en su teclado, palancas y botones en el tablero de mando. También porque lo ha hecho sin provocar

olas, fracturas o escándalos mediáticos innecesarios. Lo que ha sucedido, sin que parezca una purga, es una incorporación de cuadros clave con los que ella se siente más cómoda: modificaciones en el gabinete, particularmente en la parte económica, cambios de cabezas en la Auditoría Superior de la Federación, en la Fiscalía, en la coordinación del Senado, en la dirigencia del partido. Los duros o radicales, que se supone asumirían el papel de apóstoles del obradorismo, forman parte de su oficina (Jesús Ramírez, Luisa María Alcalde) o de su gabinete (Martí Batres, Marath Baruch) y trabajan bajo su supervisión que, dicho sea de paso, es muy estrecha. Irreductibles como Marx Arriaga, el de los libros de texto, están fuera de su administración.

Los liderazgos alternativos dentro del movimiento, como podrían haber sido quienes fungieron como rivales por la candidatura como Adán Augusto López o Fernández Noroña o herederos políticos potenciales como Andrés Manuel López Beltrán, el hijo, hoy se encuentran muy disminuidos. Marcelo Ebrard, su principal excontrincante, es hoy un colaborador leal. Nadie está en posibilidades de disputar o hacer sombra a su liderazgo.

Con algunas políticas públicas “claudistas” ha sucedido lo mismo. El giro de timón en temas como seguridad pública, salud, medio ambiente, energía o educación se ha instrumentado procurando evitar cualquier reproche o recriminación a lo realizado en el sexenio anterior. Y sin embargo en algunos aspectos el giro fue de 180 grados. Quizá lo más importante ha sido la manera en que ha manejado la relación con López Obrador: respetuosa, incluso de admiración y siempre agradecida, pero independiente. En la práctica ha vacunado a su administración de cualquier tentación o descalabro que justificase una intervención de parte del fundador.

Claudia Sheinbaum arrancará su tercer año, con márgenes de maniobra y potencialidades que no tenía en los primeros meses. Se trata, además, de un asunto de curva de aprendizaje; el oficio presidencial sólo se adquiere experimentándose. Conocer los alcances y límites de su equipo de colaboradores lleva, también, un proceso de maduración.

No es que las cosas vayan a cambiar drásticamente a partir del 2 de septiembre. Se trata de un proceso, pero, en esencia, es un proceso acumulativo. Quien vea con atención la mañanera de cada día podrá advertir lo que ha ganado la Presidenta en materia de confianza y aplomo. Para no ir más lejos, la manera en que se neutralizó el poder de Rocha en Sinaloa en las últimas horas, sin estridencias ni manotazos, pero de manera radical como lo iremos viendo en los próximos meses, es un buen ejemplo del estilo de Sheinbaum. Los críticos querrán leer entre líneas e inventar titiriteros. Pero las cosas derivarán, como ha sucedido a lo largo de estos dos años, en una gobernadora interina y otra definitiva, en aliadas estrechas a Palacio. Al tiempo.

Lo que veremos el resto del sexenio es una versión potenciada de lo que ha sido la mandataria en sus primeras tres etapas. Y desde luego nadie está exento de errores, de la posibilidad de incurrir en desaciertos, pero me parece que una Claudia 4 es una buena noticia. El crecimiento de la economía y el combate a la corrupción tendrían que avanzar si en verdad el sexenio va a ser exitoso.

Por lo pronto, me parece una oportunidad para el país que alguien con su prudencia política y, sobre todo, con sus dotes para la administración pública esté en condiciones de gobernar en momentos en que, por el cambio de paradigmas económicos y geopolíticos mundiales, México necesita replantear su propio camino. Es el turno de Sheinbaum para proponer su versión y tiene los medios para intentarlo. 


  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite