Elecciones intermedias, los temores

Ciudad de México /
Alfredo San Juan

M+.- El verdadero plebiscito para un partido en el poder son las elecciones intermedias. Reflejan la satisfacción o la falta de ella de los ciudadanos con respecto al gobierno en curso y la capacidad política para definir candidatos competitivos a lo largo del territorio. En el verano de 2027 habrán de elegirse 17 gubernaturas, el total de la Cámara de Diputados, buena parte del Senado y miles de ayuntamientos. Para la administración de Claudia Sheinbaum será una dura prueba, tanto en términos de imagen, como también de gobernabilidad para el resto del sexenio.

Con respecto a lo primero, la imagen, nadie duda de que Morena vencerá a la oposición en la mayor parte de las contiendas; lo que resulta más complicado es la comparación de Morena 2024 versus Morena 2027, cuando el movimiento arrasó con triunfos en 73 por ciento de los distritos y casi 60 por ciento de los votos para presidente. Aunque en estricto sentido la comparación tendría que hacerse con las elecciones intermedias de Andrés Manuel López Obrador, las de 2021, en las que Morena y aliados consiguieron 62 por ciento de los distritos; notable, pero menos espectacular. Es contra esta cifra que la gestión política de Sheinbaum será medida. Más allá, claro, de resultados puntuales llamativos en un sentido u otro, particularmente por lo que toca a las gubernaturas. Sea porque Morena logre arrebatar alguna de las entidades en las que gobierna la oposición y que estarán en disputa, por ejemplo Chihuahua, Nuevo León, Aguascalientes y Querétaro; o por el contrario, que la oposición conquiste una de las 13 en las que Morena y sus aliados gobiernan y ahora llegan a las urnas.

Tal fue el caso de Ciudad de México en 2021, cuando PAN y PRI lograron ganar en 9 de las 16 delegaciones; un llamativo triunfo tratándose del bastión histórico del movimiento. La molestia de López Obrador, como se recordará, desencadenó cambios en la capital y una revisión de toda la operación política. Para Sheinbaum, entonces jefa de Gobierno de la ciudad, fue una abolladura incómoda de la que tuvo que reponerse para no comprometer su candidatura a la Presidencia dos años más tarde. Ahora la mandataria intenta que las elecciones intermedias no se conviertan en un argumento en su contra.

El otro tema es la gobernabilidad. Un gobierno en el poder no puede permitirse un descalabro electoral mayúsculo a medio camino, porque eso desgasta su capacidad de gestión política en el resto del sexenio. Por lo que toca a las gubernaturas, el presidente en funciones necesita al menos contar con mayoría en los Congresos locales de 17 entidades, las necesarias para la aprobación de cambios constitucionales. A ese respecto tiene tal ventaja que puede estar tranquilo. Cualquiera que sea el resultado, Morena mantendrá el poder en 10 entidades que no están en disputa y se asume que ganará en la mayor parte de las 17 que estarán en la contienda. Y por lo demás, Sheinbaum ha desarrollado un estilo conciliador con los gobernadores de oposición; es decir, el cambio de bando de dos o tres entidades no erosionaría de manera significativa la gestión del gobierno federal.

El impacto más significativo tendrá lugar en el Poder Legislativo. Se ve difícil que el partido gobernante y sus aliados consigan la mayoría constitucional que hoy detentan. Pero se asume que no tendrán dificultades para alcanzar la mayoría simple, necesaria para la aprobación de presupuestos y leyes secundarias. Hace algunas semanas, Claudia Sheinbaum afirmó que la cuarta transformación ya había realizado los cambios constitucionales que necesitaba o estaba a punto de conseguirlo. Faltaba quizá, alguna reforma más, dijo la Presidenta, y anticipó que se presentaría en el transcurso del año. Es una declaración realista, pero también puede ser vista como una vacuna anticipada de los posibles resultados en la elección en 2027.

El cambio de las cabezas de Morena que tiene lugar estos días obedece, evidentemente, a la preparación de la estrategia de cara a esas elecciones, a la complicada tarea de elegir miles de candidatos y a las negociaciones con los incómodos aliados en que se han convertido el PVEM y el PT. La asignación a esta responsabilidad de dos miembros del gabinete, Ariadna Montiel de Bienestar y Citlalli Hernández de la Secretaría de la Mujer, revela la importancia que tienen estas elecciones para la presidencia.

Y con razón. En su calidad de heredera del bastón de mando, algunos cuadros obradoristas evaluarán los méritos de Claudia Sheinbaum en función de los resultados. En cierta manera un poco injusto, porque el ejercicio del poder conlleva un desgaste y Morena habría acumulado ya nueve años al momento de las elecciones. Pero así es la política; los liderazgos alternativos y otros núcleos de poder no dudarán en cobrarle a Sheinbaum la factura completa, en caso de un mal desempeño.

Y sin embargo, se trata en buena medida de un tema de apreciación. ¿Qué sería un mal o un buen desempeño? Descontado el techo de la mayoría constitucional en el Congreso, difícil de conseguir, y el piso de la mayoría simple, que se da por hecho, el tema habrá de centrarse en el saldo de gubernaturas y, sobre todo, los resultados en la capital. El escenario impensable para el movimiento sería perder Ciudad de México. Un espacio que muy probablemente habrá de convertirse en el escenario clave de esta contienda. Lo veremos a lo largo de los próximos meses.


  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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