Las otras batallas de Sheinbaum

Ciudad de México /
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M+.- Los embates de Donald Trump, la necesidad de echar a andar la economía y disminuir la inseguridad son los principales frentes abiertos de la presidenta Claudia Sheinbaum. En qué medida consiga sortear tales retos definirá el éxito o el fracaso de su gobierno.

Sin embargo, hay otras tensiones que parecieran menos urgentes, pero que exigen atención de parte de la Presidenta, de lo contrario pueden crecer y lesionar severamente su capacidad para ejercer el poder. Particularmente porque estos focos de tensión se encuentran en sus propias filas.

Una procede de las corrientes radicales del morenismo. Lo ilustra el último de los varios desencuentros personificados por Lenia Batres, ministra de la Suprema Corte. La Presidenta se vio obligada a desautorizar una más de las propuestas planteadas por la autollamada “ministra del pueblo”. La intención de introducir un impuesto a las herencias provocó un nerviosismo inmediato entre amplios sectores de la población, de la misma forma que lo hizo otra de sus iniciativas: volver a juzgar lo juzgado respecto a decisiones anteriores de la Corte que a juicio de la ministra favorecieron al sector privado. En ambos casos la intervención inmediata de Sheinbaum detuvo en seco la propuesta, pero una parte del daño ya está hecho. Esto provoca la constatación de que existe una corriente importante en Morena que los empresarios perciben como hostil a la iniciativa privada. El hecho de que Batres haya contado con los oídos complacientes de otros dos ministros, entre ellos el presidente de la Corte, provoca sensaciones de incertidumbre respecto al mediano plazo, cuando los ministros sigan en funciones y Sheinbaum no esté en Palacio para detener tales embates.

La preocupación de fondo es que las posiciones de Batres no son aisladas y empatan con las de miembros del partido que buscan avanzar las causas de los sectores populares, pero sin considerar el impacto que tienen en la construcción de la llamada cuarta transformación. Sheinbaum entiende que ningún futuro es posible si no logra conciliar los esfuerzos de una mejor distribución con un mayor crecimiento. Pero esto último depende de la inversión de parte del sector privado. Encontrar la manera de equilibrar un proyecto social en favor de las mayorías con el hecho de que vivimos en una sociedad sujeta al mercado, no parece haber sido captado por algunos líderes de Morena.

Otra vertiente de los llamados duros es también fuente de dolores de cabeza para Palacio Nacional. Aquella que considera que Morena tiene que asegurar el control del aparato de Estado casi a cualquier costo, así sea con medidas autoritarias en contra de la prensa y las instituciones que propician la alternancia. Particularmente notorio es el caso de algunos gobernadores y legisladores. A su juicio, la lucha de clases o el interés de las mayorías es más importante que la democracia. Y luego está el caso de los “puros”, que se autodesignan intérpretes y protectores del legado obradorista y lo ejercen acusando con dedo flamígero a los moderados, gracias al control que poseen sobre las redes sociales, presupuestos y canales públicos de comunicación. Notorio en la difusión de críticas contra Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch.

Y, sin embargo, en el caso de todos estos frentes radicales, duros o puros, al menos se trata de una disputa de proyecto político. Pero hay otra tensión dentro de las propias filas que se origina en una agenda mucho menos digna: el control del poder por ambición política y económica. Es el caso de cabezas como Adán Augusto López, Ricardo Monreal o Félix Salgado y de algunos líderes sindicales y dirigentes de partidos políticos supuestamente aliados. Si bien es cierto que Sheinbaum ha logrado desplazar o neutralizar a algunos de ellos, o por lo menos tomar la delantera en lo que toca a los temas nacionales, la inminencia de las campañas electorales complica la posición de Palacio. Se trata de cuadros que han aprovechado su paso por el poder para construir redes de influencia y acuerdos con fuerzas políticas regionales. Grupos locales absolutamente vitales para Morena en la disputa electoral a lo largo del territorio. Los comicios dejarán fortalecidos a algunos de ellos. Una mala noticia para Sheinbaum y sus esfuerzos en el combate a la corrupción y los privilegios dentro de las cúpulas de su partido.

Finalmente están los militares. En la medida en que el combate al huachicol ha entrado en una fase más crítica, mucho más centrada en la ruta del dinero, resulta evidente que el poder y la ambición corrompió a un número importante de oficiales, algunos de ellos miembros de la élite castrense. Al margen de la manera en que vayan a resolverse las investigaciones puntuales sobre aduanas y combustibles, el tema es una fractura más en el mito de la supuesta eficiencia y el rigor atribuidos a los militares cuando se hacen cargo de tareas de la administración pública. El Tren Maya y el Interoceánico, las empresas turísticas, los números de Mexicana de Aviación, la administración de aeropuertos no legitiman el papel de los militares en funciones empresariales. Y si bien no es un frente hostil, podría llegar a serlo. Por un lado, las investigaciones de la fiscalía, por otro la modernización de la administración pública que exige transparencia, y por las estrecheces financieras del gobierno, obligarían a revisar las muchas tareas que hoy tienen a cargo.

En todos los casos se trata de una tensión soterrada. Sheinbaum no puede prescindir fácilmente de sus aliados. Trátese de los militares, de los radicales vinculados a los grupos y a las redes sociales, de los operadores con oficio y con canales de comunicación con los poderes regionales, o de los partidos políticos en alianza. Unos demasiado ambiciosos, otros cargados de sus propias agendas, algunas de las cuales ponen en riesgo a la 4T. Más que purgar tendrá que depurar y podar las esquinas más dañinas, y convencer al resto para alinear este haz de impulsos en la construcción del segundo piso. Todo ello mientras se debate a pecho abierto contra los cárteles, el intervencionismo de Washington y las reticencias de los empresarios para invertir.

Luis M. Morales

  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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