Criado en primera línea de la legión romana, Gennaro Gattuso interpretó el juego como una batalla a pecho descubierto en la que se necesitaban tres elementos para triunfar: historia, honor y huevos; las tres “H” que dieron patria al heroico futbol italiano. Pilum en mano, Gattuso era el último hombre en todos los cuadros donde jugó: cuando fallaba la técnica, la táctica o el talento, siempre quedaba el cuerpo malherido del contención para recuperar el prestigio de su equipo a bofetadas. Dueño de una credibilidad ganada a costa de leñazos, su cara sucia, su barba cerrada, su cabeza dura, su mandíbula cuadrada, sus huesos retorcidos y el pellejo bien cicatrizado, le autorizaron como rescatista y después, como entrenador. No hay ninguna ciencia en el futbol de Gattuso, huye del sistema, evita las tendencias y coloca a sus hombres sobre el campo en formación pretoriana. Su libro de jugadas comprende diez capítulos de anécdotas y uno solo dedicado a la estrategia: el futbol es cuestión de integridad. A pesar de su enorme franqueza para dirigir, no ha triunfado como entrenador. El futbol moderno es demasiado complicado para un hombre que lo entiende de forma tan sencilla: equipo y sacrificio. Estos dos valores que definen su trayectoria han perdido protagonismo en el juego, parecen viejos, se escuchan huecos. Sin embargo, son la base que sostiene cualquier éxito deportivo. En las últimas semanas el técnico del Napoli, noveno en la Serie A y esperando una eliminatoria de Champions vs. el Barcelona, ha sido cuestionado por la reiterada suplencia de Hirving Lozano, un futbolista que costó lo que valían veinte “Gattusos” al tipo de cambio en su tiempo. Podría pensarse que esta situación perjudica la carrera de Lozano en Europa, todo lo contrario: el Chucky, en la última etapa de su formación como jugador, se encuentra frente a la oportunidad de aprender todo lo que pueda de un viejo legionario condecorado por el rancio catenaccio. Gattuso será su último maestro, no puede enseñarle a jugar a la pelota, pero sí a encontrar otra vocación dentro del futbol: Lozano, talentoso atacante, tiene la madera y el carácter suficiente para ser un líder de su equipo en el terreno de juego.
El último maestro
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José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo
Ciudad de México /
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