Al campo en Nuevo León lo están secando.
Los datos revelados por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) evidencian no sólo la falta de lluvias en una decena de municipios del norte y sur del estado, sino, de forma más grave, la ausencia de apoyo para acercar el agua que requieren las familias agrícolas y los productores ganaderos. El abandono es evidente.
Lo que la naturaleza ha otorgado mediante las precipitaciones, y lo que se ha logrado almacenar en las presas sirve de poco sin un sistema eficiente y sensible a las necesidades de quienes viven del campo. Si del agua almacenada apenas el 25 por ciento se destina al consumo humano, cinco por ciento al uso industrial y el resto al sector agrícola, surge una pregunta obligada: ¿Por qué no se invierten mayores esfuerzos en eficientar su distribución y racionalizar su uso para evitar el desperdicio?
Existen fugas, además de la evaporación, que provocan la pérdida de millones de litros de agua. A ello se suma el robo mediante canales ilegales que benefician a unos cuantos y dejan a otros sin el recurso, prácticas que no se investigan ni se sancionan.
Por otro lado hay tecnologías de riego que no se promueven. En Israel, los sistemas de riego por goteo, combinados con plantas desaladoras, han convertido zonas desérticas en oasis, logrando ahorros de hasta 60 por ciento de agua frente a métodos tradicionales. No es una innovación reciente: se implementa desde la década de 1960. En México, sin embargo, esta técnica ha sido adoptada sólo por algunos agricultores con conciencia y recursos.
Aquí los gobiernos prefieren indemnizar pérdidas antes que invertir en soluciones sostenibles para el campo. Eso también es desperdicio. Optan por presumir presas llenas, como El Cuchillo –que abastece al campo de Tamaulipas– mientras los productores locales permanecen sin acceso suficiente al agua.
La ironía es contundente: familias del norte y sur de Nuevo León, con tierras colindantes a presas, claman por agua. No sólo al cielo, sino a autoridades que, teniendo los recursos, no escuchan.
El Gobierno los está secando. Ese es el Gobierno que produce vacas flacas.