Este personaje conocido merece un castigo fuerte de parte de su club, de la liga y de la misma FIFA.
No se puede admitir que siendo, supuestamente, un profesional del futbol con una posición específica y diferente como la de portero, se haya atrevido cobardemente a “atacar” por medio de un “laser” a un compañero de profesión, de su misma nacionalidad y de la misma ciudad donde participan.
Mi propuesta es despedirlo del futbol mexicano y que se vaya a hacer sus cochinadas a otro lado.
Su capacidad como portero se la hemos reconocido siempre. En esto no hay reclamo.
El castigo no sólo ejemplar sino fuerte es porque usó el “escondite” de un palco asignado a su club, estando de visita él y su equipo.
Cobarde.
Creyó hacerse el “chistoso” invadiendo la integridad física y de salud de un adversario.
Se necesita estar muy mal de las neuronas, de los valores y lleno de una flagrante desubicación para haberse atrevido a realizar lo que hizo.
Imposible defenderlo. Su buena o mala fama lo convierten en un irracional después de este acto reprobable por cualquier lado que se le vea.
Conservar en la liga a un jugador con esa desviación es sinónimo de flaqueza y complicidad de la autoridad.
Dicen que Tigres ya lo castigó. No es suficiente.
Se necesita verlo fuera de cualquier club de futbol de nuestro país; así de sencillo para que todos entendamos. Fuera del futbol organizado.
El ”patón” se transformó en “patán”.