La contratación más emblemática en la NFL desapareció del elenco.
Los interesados estábamos a la expectativa de lo que Aaron Rodgers pudiera hacer con su nuevo equipo, los Jets de Nueva York y el gusto duró muy pero muy poco.
La desgracia no se tentó el corazón para arruinar algo que hasta excitante era porque este cambio se publicitó desde las entrañas de la Liga no sólo con los Jets.
El regreso de la Serie del Rey a La Laguna es otra de esas tantas cosas que alegra y preocupa; y todos sabemos por qué. La alegría es porque el hecho de poder ser campeón en casa, sería trascendente generando un gran beneplácito.
Lo que sólo el futbol nos ha otorgado sería ahora expuesto por los Algodoneros.
Las distintas vivencias que comparte el campeón de cualquier disciplina no las hemos tenido en el Beisbol.
Tenerlas en casa como novedad y de manera exclusiva sería partir la historia de otra forma. Ambos deportes habrían puesto el ejemplo en algo que es muy complicado; ser campeón.
Mientras los que están interesados en el Tricolor se revuelcan en sus propios corajes, es conveniente volver a recordarnos que no tenemos jugadores nacidos en nuestro país y hechos en nuestro futbol que tengan la suficiente calidad para competir con los grandes del mundo.
De eso nos damos cuenta pero nos negamos a aceptarlo.
En algunos, la ilusión mercadológica es ver a Quiñones defendiendo nuestra camiseta verde o la del color que quieran después de tanta publicidad que proliferan.
La solución no es el nuevo extranjero con papeles nacionales. La solución está en admitir (de una vez por todas) que nuestro techo es bajo, y punto.
La historia eso nos indica. No gastemos energías y voluntades ni deseos en anhelos superfluos.
Otra cosa: Félix Torres anotó doblete para su país, y aquí no lo aprobamos como defensa, no en calidad de “goleador”.
Y la última cosa; Santos tiene la imperiosa obligación de salir adelante con lo que tiene porque sumirse en la medianía ya se está haciendo mala costumbre.