El pueblo en armas. La obra de Héctor Strobel sobre el siglo XIX mexicano

León /
Únete al canal de Milenio

Existe una tentación recurrente en la memoria colectiva mexicana: reducir las grandes gestas del siglo XIX a un friso épico de caudillos inmaculados y batallas monumentales. Nos gusta pensar que la Reforma y la victoria sobre la Intervención Francesa fueron el resultado natural del patriotismo de unos cuantos gigantes morales. Sin embargo, cuando la historiografía seria desmantela el mito y examina las entrañas de la maquinaria bélica liberal, la realidad resulta ser infinitamente más compleja e inquietante.

Investigaciones recientes del historiador mexicano Héctor Strobel en obras clave como El ejército liberal en la Reforma y Resistir para vencer, nos obligan a desplazar la mirada de las estatuas de bronce hacia la trinchera terrenal.

La primera revelación es contundente: el ejército juarista distó mucho de ser una fuerza profesional organizada sólidamente. Fue, en rigor, un ensamble improvisado y castigado por la escasez, la itinerancia y una constante necesidad de reclutar hombres en geografías sumidas en el caos. La defensa de la República no recayó en un Estado omnipotente, sino en una sociedad que debió asumir con sangre obligaciones que las instituciones desgastadas no podían cubrir.

La guerra no se decidió en los despachos de la capital. La resistencia se tejió en los márgenes: en Chihuahua, Durango, Sonora, Sinaloa, Nuevo León, Coahuila y en las sierras de San Luis Potosí o Tamaulipas. Y es aquí donde emerge el verdadero motor de la contienda: las milicias ciudadanas y los cuerpos de la Guardia Nacional. Lejos de ser meros comparsas de las tropas regulares, estas fuerzas locales constituyeron la verdadera red social y territorial que mantuvo viva a la República cuando el Estado central era poco más que un gobierno en peregrinación.

Es revelador constatar cómo esa misma Guardia Nacional operó como la verdadera escuela de la clase política posterior. Un joven Ignacio Zaragoza ingresó a sus filas en Nuevo León a los 17 años, mientras que Porfirio Díaz labró su disciplina militar y su liderazgo político como oficial de la Guardia Nacional en Oaxaca. Las instituciones armadas de base regional no solo peleaban: formaban a los hombres que habrían de moldear el destino nacional.

Al contrastar este enfoque con el de Will Fowler —quien desarmó las visiones convencionales sobre el poder y la inestabilidad política—, el debate se vuelve fascinante. Fowler desentraña el colapso de las instituciones; la narrativa militar de Strobel, por su parte, demuestra cómo la soberanía sobrevivió gracias a la improvisación y al esfuerzo voluntario. En el fondo, ambas perspectivas coinciden en una provocación directa: la historia nacional no tolera relatos maniqueos ni próceres libres de contradicción.

Este rescate de las capas profundas de la historia bélica plantea interrogantes insoslayables que resuenan con fuerza en el México contemporáneo. Si la preservación de la nación dependió de una ciudadanía obligada a militarizarse y suplir la ausencia estatal, ¿debemos romantizar esa movilización popular o reconocerla como el síntoma trágico de una institucionalidad fallida?

Tal vez la lección más profunda de la historia que recupera Strobel sea que una nación no se defiende solamente con ejércitos; se sostiene cuando sus ciudadanos están dispuestos a asumir, en momentos decisivos, la responsabilidad de defender aquello que consideran común.

El debate es de la más alta vigencia. La historia demuestra que la República se salvó cuando el ciudadano de a pie asumió como propia la defensa del orden constitucional. Pero trasladar la carga de la seguridad y el destino nacional a la sociedad civil tiene un costo desgarrador. La pregunta no es simplemente quién ganó aquellas batallas del pasado, sino qué estamos dispuestos a hacer hoy, como ciudadanos y como colectividad, para sostener la República sin esperar a que el Estado colapse.


  • Juan Manuel Díaz Organitos
  • General retirado del Ejército Mexicano
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite