Allá por 1997 me regalaron un libro escrito por un religioso chileno, Cartas a los jóvenes políticos, en el que se expresaba una verdad: el político, en una sola decisión, puede hacer la obra de amor más grande para una sociedad.
En contraparte, deducía que el político, en una sola decisión, puede hacer la obra más perversa y destructiva que arruine el presente y futuro de millones de personas.
Por desgracia, las decisiones perversas de la 4T hoy están arruinando el presente y el futuro de millones de mexicanos.
Por eso también, México necesita una generación de jóvenes, de hombres y mujeres que crean en la política como servicio, como un instrumento para mejorar la calidad de vida y el desarrollo humano integral de las personas y las familias.
Por ejemplo, reflexionemos sobre cuáles han sido las consecuencias de una sola obra perversa de Morena resumida en tres palabras: “Abrazos, no balazos”:
1.- Una sociedad que se siente insegura en más de un 60%, que no cree en el discurso de la mañanera, esa narrativa permanente de echarle la culpa al pasado, a Calderón y a los neoliberales para no decir nunca la verdad.
Pero Morena seguirá en su narrativa sin fin de echar la culpa a otros, de disminuir el número de homicidios dolosos, de cambiar estos por desaparecidos y desaparecer a los desaparecidos, porque si no hay cadáveres, no hay desaparecidos… vaya lógica estúpida para estúpidos.
Lo cierto es que la 4T ya tiene más homicidios dolosos y desaparecidos que cualquier otro gobierno anterior. Ahí está López con 200 mil homicidios dolosos en su sexenio.
2.- Ese ambiente de seguridad que vive la mayoría de las familias va más allá de la sensación; se refleja en horarios recortados para andar en la calle, que los hijos regresen más temprano a casa, hasta el cierre de negocios y el desaliento de nuevas inversiones.
“Abrazos, no balazos”, la perversa frase que les dio libertad y derechos a cárteles de crecer su territorio, y les quitó libertades a millones de personas que habitan en los mismos.
De repente, un día, el domingo 22 de febrero, los abrazos se convirtieron en balazos. Bendito Calderón, tenías razón. Enfrentando a los criminales es como se les combate.
Debemos reconocer la labor del gobierno y del Ejército en el operativo en el que abatió al Mencho.
Pero aún falta un complemento de esta estrategia anticriminal: desarticular los grupos criminales para que el gobierno tome el control de esos territorios, deshacer las rutas financieras y de negocios y aplicar la ley a los responsables.
¿Calderón seguirá teniendo razón? ¿Morena y la 4T seguirán con la narrativa de “¿Abrazos, no balazos?” … El tiempo lo dirá.
Pero hoy, la urgencia está en nuestras manos, en hacer surgir la nueva generación de jóvenes, hombres y mujeres que crean y practiquen la política como una vocación de servicio a la persona y a la familia, como la gran oportunidad de realizar grandes obras de amor que hagan un México más humano, más próspero, más educado y solidario para las personas y para las familias; sin familias no hay México; el 2027 es la oportunidad.