Entre inflación, recompras y Nvidia

Ciudad de México /
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Esta semana tenemos una de esas combinaciones que a los mercados les encanta —y a veces les quita el sueño—: inflación, tasas de interés, deuda y tecnología.

Empecemos por México. Ayer conocimos la inflación de la primera quincena de agosto y el dato, aunque no es preocupante, sí merece atención. Los precios aumentaron 0.10 por ciento en la quincena y la inflación anual se ubicó en 3.26 por ciento, ligeramente por arriba de 3.12 por ciento de julio. La inflación subyacente, que nos ayuda a ver mejor la tendencia de fondo, se ubicó en 3.93 por ciento. 

No es un mal número, pero tampoco es una señal para cantar victoria. Para Banco de México, el mensaje es sencillo: todavía hay camino por recorrer antes de poder declarar que la inflación está completamente bajo control.

En Estados Unidos la historia tampoco está terminada. La inflación de julio fue de 3.4 por ciento anual y la subyacente de 2.5. Esto ayuda a explicar por qué la Reserva Federal sigue teniendo que caminar con cuidado. Las minutas de su última reunión mostraron incluso algo poco común: tres miembros habrían preferido subir las tasas, mientras que el resto optó por mantenerlas sin cambios.

Y aquí aparece un tema que puede parecer técnico, pero que tiene consecuencias muy concretas para nuestros bolsillos: la deuda del gobierno estadounidense.

El Tesoro está aumentando sus recompras de bonos de largo plazo. A partir de septiembre, las operaciones en los vencimientos de 10 a 30 años serán de al menos 4 mil millones de dólares cada una, el doble del máximo anterior.

¿Por qué al mercado no necesariamente le encanta? Porque, aunque recomprar bonos puede ayudar a dar liquidez, también introduce una pregunta incómoda: ¿por qué el gobierno necesita intervenir cada vez más en un mercado que debería funcionar por sí solo? Y cuando hablamos de una deuda pública enorme y de tasas de largo plazo elevadas, cualquier movimiento del Tesoro puede terminar afectando el precio de los bonos y, por consecuencia, el costo del dinero para todos. No me encanta el programa porque no resuelve ni baja el déficit, solo la cambia de plazos. Recompra y emite nueva deuda, el problema de fondo, persiste. 

Y mientras todo esto sucede, llega Nvidia.

La compañía reportará resultados el miércoles y las expectativas son enormes: el mercado espera alrededor de 92 mil millones de dólares de ingresos trimestrales. 

Nvidia se convirtió, en cierta forma, en el termómetro de la inteligencia artificial. Si vuelve a sorprender positivamente, podría darle otro impulso al mercado. Pero si los resultados son buenos y aun así la acción cae, sería una señal interesante: quizá el problema ya no sea cuánto gana la empresa, sino cuánto está dispuesto a pagar el mercado por ese crecimiento. Es muy cruel y exigente el mercado con este tipo de empresas, muchas veces un gran reporte, no basta. 

Al final, las piezas empiezan a conectarse.

Inflación todavía arriba de los objetivos, bancos centrales que no pueden relajarse demasiado, tasas largas presionadas por una enorme cantidad de deuda y un mercado que espera resultados extraordinarios de las empresas de inteligencia artificial.

No estamos frente a un mercado malo. Más bien estamos frente a un mercado que exige cada vez más.


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