La mentira como trampa política

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • Juan Noé Fernández Andrade

Laguna /

El domingo 7 de junio, dentro de 19 semanas, en Coahuila votaremos para elegir la 64 legislatura local, que será de 25 curules (asientos), 16 de mayoría relativa (ganan por el número de votos) y 9 de representación proporcional (que se reparten de acuerdo a los votos obtenidos entre los partidos participantes).

El proceso se torna Interesante porque quizá, ahora, las cosas pudieran cambiar ante la ruptura de la alianza del PRI y el PAN (de manera oficial ya no más prianismo en el estado), pero el tricolor será apoyado –como casi siempre- por la Unidad Democrática de Coahuila). Morena, el rival a vencer por el priísmo en tierras de personajes históricos y demócratas como Venustiano Carranza y Francisco I. Madero, irá con el del Trabajo (PT). El Verde queda al margen.

La maquinaria priísta está con todo desde el Palacio de Gobierno y desde las Presidencias Municipales, a lo que se suman, para qué dudarlo, empresarios e instituciones universitarias. 

En Torreón, según escuché en la radio a Patricia Tobías, vocera de Participación Ciudadana 29, casi le suplicó al PAN que se uniera al PRI con tal de atajarle el paso a Morena e impedir que éste gane el congreso. Se vale, claro. 

El organismo civil, desde que nació, disiente de todo lo que sea de izquierda, como otras cámaras. Es normal.

Los nombres de las y los abanderados de los partidos, reiterados día a día por la prensa, estarán en las papeletas de votación. Así es como se acostumbra dar cobertura al proceso político. 

Si la caballada está o no flaca, cada designación o imposición, que es lo que son, la misma noche dominguera del 7 de junio sabrá si contaron o no con el respaldo del electorado. 

La rechifla se escuchará en el Palacio de Gobierno, en los edificios de las alcaldías o en las casas de campaña de las y los competidores vencidos.

La realidad es que la mentira es la que gana. No es negativismo observar que es a base de mentiras como se sostienen los partidos, sus dirigencias, sus aspirantes mujeres u hombres, sin dejar de lado a bastantes plumas y opinadores (as) en los medios. 

La falta de credibilidad alrededor de la política (mal mundial) me recuerda el dicho aquel de “La mentira tiene las piernas cortas”; o sea, en el sector público la mentira se enseñorea en el inicio de un capítulo, pero pronto sale a la luz la verdad. Cuestión de tiempo.

Y así como se señala que a nivel federal la presidenta Sheinbaum (como los anteriores mandatarios) decide quién es no es candidato y resiente la conformación de las cámaras, igualito sucede en los estados, y Coahuila no es la excepción: aquí, el gobernador Manolo Jiménez manda y se acabó la discusión. 

Va por el carro completo, como se dice, para no batallar en la segunda parte de su administración.

De ahí su directriz en cada una de las áreas de la vida pública en la entidad. 

Manolo sabe que se juega su futuro político y cree que de salir bien librado en los comicios del 7 de junio, podría aspirar por el PRI en 2030 al cargo más grande en la esfera gubernamental: la Presidencia de la República.

Antes, ya amarró las candidaturas que él crea que son las precisas para vencer a Morena, e incrementará la narrativa oficial de que Coahuila se pinta solo, que es el estado más tranquilo, más justo, más atractivo a las inversiones y para vivir, etcétera. 

Su estrategia de control mediático la ejercerá porque es una de las armas con que cuenta y le funciona.

En la política, el posicionamiento público es fundamental y el joven Manolo da muestras de claridad y dominio. 

La prioridad es su persona, su cargo, su voz, lo que decide y dice. 

Pese a esto, el electorado no cree ni en los partidos ni en las y los candidatos, pero sí en las mentiras verdaderas: no hay de otra: cree en los programas sociales, en las tarjetas de ayuda, en las despensas, en las promesas, en muchas cosas que no trascienden y son repetitivas. 

Es cuando volvemos a ver que hay una vieja conexión entre la palabra de las y los políticos y la esperanza de las y los electores. 

La diferencia está en que si un candidato (a) pierde, tiene más probabilidades de pronto recuperarse, y sus votantes no, que tendrán que seguir como siempre.

Son las trampas epistémicas de cada elección.

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