Resultado de pláticas con gente ocupada en diferentes empleos y oficios, pero aún más con académicos y profesionales de la arquitectura, ingeniería civil y de personas que trabajan en el sector de bienes raíces, casi por unanimidad consideran que en Torreón la falta de una verdadera planeación que sea armónica con el desarrollo, lo citadino y en general con el hábitat urbano.
Si en sus inicios la ciudad registró un orden, una visión adelantada en su tiempo y fue motivo de reconocimientos externos, cierto es que le permitió crecer más o menos en forma equilibrada, con los asegunes de la economía para unos y para otros.
No hay, sin duda, una ciudad que no muestre sus puntos débiles, sus fracturas y división de clases, es inevitable.
Aún así, Torreón y Gómez Palacio iban de la mano y, pese a las desigualdades sociales de siempre, caminaban casi al mismo paso.
Hoy, Torreón ofrece un panorama de profundos contrastes.
Su crecimiento en población, y lo que ésta demanda desde hace por lo menos 40 años, ha traído consigo diferencias que empiezan a ser abismales. Hay varios Torreones dentro de Torreón.
Ya los puntos críticos o conflictivos no son aquellas colonias populares que surgieron de la imperiosa necesidad de que la gente tuviese un casa, como fuera y donde fuera; no, porque de esa necesidad y su politización nacieron otras al amparo de invasiones o posesiones irregulares e ilegales de terrenos que, hay que decirlo, eran parte de una mancha urbana que creció y creció sin la debida infraestructura física y menos contemplando los componentes sociales y entornos que las hicieran atractivas y funcionales con el tiempo.
Todo fue al aventón. Recuerdo los nombres de “líderes” y “lideresas” que, al amparo del Partido Revolucionario Institucional, ocuparon terrenos tanto al poniente como al nor oriente y sur oriente de Torreón. Y llegó el desorden.
Incluso, sé que alrededor de la planta metalúrgica Peñoles estuvo oficialmente prohibido que se establecieran colonias o asentamientos humanos o escuelas o negocios. ¿Qué pasó? Que la ambición política y comercial trastornó el acuerdo existente entre la empresa y las autoridades.
Lo que sucedió con el paso del tiempo ya lo sabemos: la contaminación por plomo afectó gravemente la salud de miles de personas y a Peñoles no le quedó otra sino indemnizar y comprar a los propietarios de casas en sus linderos para subsanar los daños.
El desorden provocó víctimas en doble vía.
Pero del desorden se pasó a un abuso mayor. Y ahora hay que hablar del fenómeno de la gentrificación, que en esto derivó la práctica no cercada de esas acciones gandallas.
La ciudad, la llamada mancha urbana no tuvo freno, como tampoco hubo la voluntad de hacer respetar las leyes en la materia, y menos la historia siempre interesante del surgimiento de Torreón y, por supuesto, de la zona conurbada de la Laguna.
Torreón, como Gómez Palacio, son atravesadas por los latigazos de su estratificación.
El rumbo de una y otra ciudad se aprecia en extremo favorable para que continúen asentándose las diferencias sociales y económicas.
Eduardo Terrazas Ramos, a quien no conozco personalmente, alguna vez declaró que era necesario visibilizar los esfuerzos en Torreón para construir una ciudad más habitable y competitiva.
“El futuro de Torreón depende de cómo planifiquemos hoy nuestras acciones.
Desde el Implan promovemos una visión de ciudad ordenada, inclusiva y resiliente, donde el crecimiento económico vaya de la mano con la sostenibilidad y el bienestar de la ciudadanía”, dijo en su momento.
Expresó, y agregó que el organismo que dirige trabajaba en diversos proyectos que transformarían la ciudad “desde sus cimientos”.
No está mal, de hecho es una excelente idea, pero ¿entonces por qué casi es un caótico el desarrollo y crecimiento de la ciudad?
Se podrían enumerar muchos ejemplos: colonias sin áreas verdes, sin agua, sin drenaje, colonias con predios llenos de basura y escombro, calles en pésimo estado, como las banquetas, el pavimento destrozado en prácticamente toda la ciudad, llueve y se encharca, obras viales poco útiles, múltiples vueltas a la izquierda prohibidas a capricho, despojo de tierras para nuevos fraccionamientos inalcanzables para la mayoría, un norte privilegiado y un ser abandonado, puentes peatonales ociosos, cruceros peligrosos, congestionamientos y accidentes vehiculares por todos lados…
Yo le tomo la palabra a Terrazas Ramos cuando apunta que “una ciudad inteligente no se construye desde el escritorio, sino desde las calles, los barrios y las voces de quienes la habitan”, y lo invito a que haga valer su voz al interior de la Presidencia Municipal, de las cámaras empresariales y de los empresarios desarrolladores de fraccionamientos, negocios y más. Antes de que Torreón camine hacia la anarquía urbana.