Está creciendo en Estados Unidos un movimiento contra la inteligencia artificial y, en particular, de los centros de datos que la hacen posible. Las razones van desde el temor a que disparen el costo de la electricidad y consuman demasiada agua, hasta preocupaciones más profundas, como que la IA elimine millones de empleos o, en el extremo, aniquile a la humanidad.
No todos esos temores son infundados. Hemos visto agentes de IA comportarse de manera autónoma, y algunos de los principales protagonistas de la industria advirtieron recientemente sobre los riesgos de avanzar demasiado rápido. La preocupación ha llegado también a la política. Tanto en la izquierda como en la derecha estadunidenses han surgido voces que piden limitar la construcción de centros de datos y establecer mayores controles sobre el desarrollo de la IA.
El rechazo se refleja en las encuestas. Siete de cada 10 estadunidenses se oponen a que se construya un centro de datos en su comunidad. En varios estados han surgido iniciativas para frenar nuevos proyectos. Todo apunta a que construir la enorme infraestructura que requiere la IA será cada vez más complicado en EU. Mala noticia para los gigantes de la IA. Potencialmente buena para México.
Porque estas empresas no van a dejar de invertir solo porque encuentren obstáculos en EU. La competencia es demasiado fuerte y necesitan crecer. Nuestro país ofrece una oportunidad difícil de igualar, dada nuestra cercanía geográfica, económica y estratégica.
Me queda claro que existen retos importantes. Los centros de datos pueden consumir enormes cantidades de electricidad y de agua, insumos que México no tiene de sobra. Pero estos son problemas que hay que resolver, no son razones para renunciar a la inversión. De hecho, podemos aprovechar la oportunidad para construir nueva capacidad eléctrica y ubicar los centros de datos en regiones marginadas con mayor disponibilidad de agua.
Por eso me parece desafortunada la declaración de la Presidenta de que “no necesariamente México debe ser el centro de datos de otros lugares del mundo”. Pienso lo contrario, debemos ponerles la alfombra roja. La pregunta que debe hacerse el gobierno es qué tenemos que hacer para que México reciba esa inversión.
No estamos hablando de cantidades menores. Se estima que este año se invertirá en EU cerca de un billón de dólares (la mitad del PIB de México) en infraestructura para IA, principalmente en centros de datos. Capturar apenas una fracción de ese flujo le daría un bienvenido empujón a nuestra economía. Como referencia, toda la inversión extranjera directa que recibió nuestro país el año pasado fue de alrededor de 41 mil millones de dólares.
Puede que México no pueda ser el centro de datos del mundo, pero debemos aspirar a ser un jugador relevante. No queremos dejar pasar una oportunidad para acercarnos al ecosistema tecnológico que está definiendo una nueva era económica.