La lección equivocada del examen de la UNAM

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Entrar a la UNAM es una de las máximas aspiraciones de cualquier joven que busca estudiar una carrera en México. Para muchos representa mucho más que ingresar a una universidad: es una oportunidad de cambiar el rumbo de sus vidas y de movilidad social. Por eso resulta tan preocupante lo que pasó con el examen de admisión de este año.

Por primera vez la prueba se aplicó de manera virtual. Todo indica que hubo aspirantes que obtuvieron acceso anticipado a algunas preguntas y otros que recurrieron a inteligencia artificial para responderlas. Las anomalías son evidentes. Mientras que entre 2021 y 2025 menos de 4 por ciento de los aspirantes obtuvo más de 100 aciertos, en 2026 la proporción superó 16 por ciento.

El daño va más allá de un proceso de admisión. Si los jóvenes empiezan a percibir que ingresar a la universidad más importante del país depende más de hacer trampa que del mérito, la confianza en las instituciones se deteriora. Y cuando las reglas del juego dejan de percibirse como justas, también se debilita la idea de que el esfuerzo y el talento son el camino para ascender en la escalera socioeconómica. 

Considero que la UNAM tomó la decisión correcta. Convocó a un nuevo examen (de control), ahora presencial, para todos los aspirantes aceptados y para quienes obtuvieron un puntaje igual o superior al mínimo con el que se ingresó a cada carrera entre 2021 y 2025. No es una solución perfecta. Habrá estudiantes que obtuvieron legítimamente su lugar y que ahora deberán demostrar de nuevo sus conocimientos. Entiendo la molestia. Pero no existían soluciones ideales, sólo menos malas. 

Estoy seguro de que muchos de los más de 50 mil jóvenes con derecho a presentar este segundo examen decidirán no hacerlo. Algunos por el estrés que implica volver a someterse a una prueba de alta exigencia. Otros porque hicieron trampa y prefieren no arriesgarse a exhibir la diferencia entre un examen realizado con ayuda tecnológica y otro resuelto solo con sus conocimientos.

Mi verdadera preocupación viene después, cuando la Comisión Técnica termine de investigar las irregularidades del proceso y proponga medidas para corregirlas. Existe la tentación de llegar a conclusiones equivocadas. No descarto que surjan voces argumentando que los exámenes de admisión deben eliminarse. Pero el riesgo que más me inquieta es que se busque reducir el papel de la tecnología en el proceso de ingreso y dentro de la universidad. La IA no fue el problema. Fue el diseño del examen y los mecanismos de supervisión. 

La IA transformará todas las profesiones. Los estudiantes que hoy buscan ingresar a la universidad pasarán buena parte de su vida laboral utilizándola. Será una gran ironía que el fiasco del examen de admisión, cometido en gran medida con IA, termine retrasando la adopción de una de las herramientas con mayor potencial para transformar el mundo.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite