Lo bueno, lo malo y lo peor

Ciudad de México /
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Ha pasado un año desde que López Obrador asumió la presidencia de la República, lo que representa una buena oportunidad para hacer una breve evaluación de su gestión.

Empecemos con lo positivo. Estoy consciente de que muchos de los críticos del presidente piensan que nada bueno ha salido de este gobierno. Difiero. Como mencioné la semana pasada en este espacio, el mayor logro de López Obrador es haber facilitado una transición pacífica de poder en un momento de ebullición social en nuestro país; haber servido de válvula de escape.

La forma de conducirse del Presidente también ha sido positiva. Su austeridad y sobriedad representan un bienvenido contraste a los excesos de otros gobiernos. Pese a que los avances no han sido institucionales, existen logros en el combate a la corrupción.

Del lado económico, hay que reconocer que se ha mantenido la estabilidad. No se ha desbordado el gasto ni tampoco se ha disparado la deuda pública. La inflación es baja y el tipo de cambio está estable. Aunque falta ver si se materializa, el reciente acuerdo con la iniciativa privada para invertir en infraestructura puede rendir frutos.

Hasta arriba de la lista negativa de López Obrador en el ámbito económico está la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Este para mí es su pecado original; una decisión que no hace sentido ni económico ni aeronáutico y que sembró una enorme desconfianza en los inversionistas que a la fecha prevalece. Y no solo mató el NAIM, optó por iniciar Santa Lucía. Otro proyecto en el que la terquedad supera la lógica es la refinería de Dos Bocas.

La economía está paralizada y la confianza de los inversionistas para apostarle a largo plazo a México parece estar mermada. La falta de crecimiento afecta a una serie de variables, como la recaudación, que a su vez impacta programas críticos como los que se enfocan a reducir la pobreza. No parece haber un plan para disminuir la informalidad y la mayor fiscalización corre el riesgo de convertirse en terrorismo fiscal.

Lo que sí ha crecido es la inseguridad. Todos los demás problemas pasan a segundo plano si la integridad física de las personas está en peligro. La cancelación de la reforma educativa es otro de los grandes desaciertos de López Obrador. La factura se pagará en generaciones. La reducción de sueldos a burócratas —pese a tener aspectos positivos— y la inhabilitación de trabajar en la iniciativa privada 10 años después de dejar el puesto también pueden tener efectos nocivos de largo plazo.

Dentro de lo peor están la erosión de las instituciones y la polarización de la sociedad. El presidente argumenta que muchas de las instituciones fueron creadas a beneficio de neoliberales corruptos y que por ende merecen, en vez de mejorarse, ser destruidas. Un corolario es la mayor concentración de poder en sus manos. Por otro lado, su discurso en ocasiones incita el enfrentamiento, con los malos (fifís) de un lado y los buenos (chairos) del otro.

juliose28@hotmail.com

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