Arranca el año con una serie de interrogantes: ¿Disminuirá la inseguridad? ¿Concentrará más poder el Presidente? ¿Mantendrá su popularidad? ¿Moderará su discurso en ocasiones polarizante? ¿Surgirá una oposición fuerte? En el ámbito económico, algunas de las más relevantes son las siguientes:
¿Tendremos un Presidente más pragmático o más fundamentalista? En el tiempo que lleva de gobernar, López Obrador ha mostrado las dos facetas. ¿Cuál de estos dos polos prevalecerá en 2020? La respuesta tendrá repercusiones profundas en el desempeño de nuestro país en los próximos 12 meses y más allá.
Su faceta fundamentalista ha sido evidente en decisiones como la de cancelar el aeropuerto de Texcoco y construir el de Santa Lucía. Por otro lado, su faceta pragmática ha relucido en su disposición de mantener estabilidad macroeconómica. Ningún sector estará más afectado por dónde se incline la bipolaridad del Presidente que el energético. Su apertura bajo el gobierno anterior está empezando a dar frutos pero, hasta el momento, el gobierno ha optado por congelar la reforma. De hecho, varios miembros clave del gabinete quisieran regresar a la época en la que Pemex y CFE eran monopolios y frenar cualquier inversión privada en el sector.
Por lo pronto, López Obrador ha asumido una actitud más fundamentalista. Sin embargo, es posible que, al ver los primeros resultados de la reforma energética de Peña Nieto, que los recursos públicos no alcanzan para explotar la riqueza energética de nuestro país y reconocer la necesidad de enviar una señal de confianza a los mercados invitando a la iniciativa privada a invertir, decida asumir una actitud más pragmática.
¿Recuperará la confianza el sector privado? Mermada desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el pecado original, y afectada aún más por decisiones como la de construir Dos Bocas, la confianza de los empresarios no será fácil de recuperar. El impacto hasta ahora ha sido profundo y es perceptible en la falta de crecimiento. El gobierno ha optado por apretarse el cinturón para mantener la disciplina fiscal. Bajo esta estrategia, la apuesta es que la iniciativa privada tome la batuta y se encargue de estimular la economía. No ha sucedido. La falta de confianza no lo ha permitido.
Vienen acontecimientos que ayudarán a recuperar la confianza. El nuevo tratado de libre comercio con EU y Canadá, el T-MEC, entrará en vigor en el futuro cercano, lo que aumentará la certidumbre de los inversionistas. Todo indica que el gobierno abrirá más sus bolsillos en 2020, lo que también ayuda. Pero del lado negativo se escuchan noticias que están generando mucho ruido, como la reforma fiscal que se aproxima.
¿Crecerá la economía? Tras un año de cero crecimiento, la interrogante económica más trascendental es si se disparará en 2020. Sin la confianza de los inversionistas y sin un presidente pragmático es casi imposible lograrlo.
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